Y llega un momento en la vida en que te preguntas por qué tu caballo ya no es capaz de correr; por qué no llevas tu preciado vestido azul; por qué tu flamante espada de metal se convirtió en una cuchara de madera; por qué tu yelmo hace las veces de cacerola; por qué tus botas perdieron su suela para trepar; por qué tus rizos rubios se tornaron sucios, apagados y encrespados; por qué tus ojos azules se tiñeron de gris; por qué tus dedos no son capaces de aferrarse a las rocas; por qué el barro lava tu rostro mejor que el agua; por qué los ogros te aceptan como uno más; por qué robaste a los pobres para hacerte más rico; por qué creiste oro todo lo que tocabas; por qué llenaste tu cestita con miguitas de pan que te habrían devuelto a casa; por qué cambiaste tu adosado de ladrillo por una choza de paja; por qué sigues mirando las estrellas como si pudieras rozarlas; por qué no eres capaz de apartar los ojos de su ventana esperando poder volver a ver un mechón de su cabello.
1er Fascículo por solo 2,99
Érase una vez un chico que andaba por la calle tranquilamente hacia la casa de su abuelita vestidita de verde, cuando se encontró a su amigo Manolín, que paseaba muy contento con la cartera del colegio a la espalda.
-Manolín, manolín! dónde vas tú tan tontento, digo, contento?? Preguntó el chico.
-Pos no ves que llevo la cartera del colegio??? me voy a estudiar!
-Pero si las clases ya se han acabao manolín. Ahora estamos de vacaciones y hasta la semana que viene no hay colegio que valga ni pa bien ni pa mal ni pa los altos, feos o guapos.
-Ah, pero yo ahora tengo muchos exámenes y tengo que estudiar mucho para que mis padres me compren un muñeco turboman.
-Vaya manolín, eso no está bien, no deberías estudiar por el muñeco, sino por la necesidad de aprender para volverte más listo en la vida y poder hacerte un hombre de bien.
-Anda déjame; tengo que conseguir ese muñeco turbomán como sea. Ale, ahí te quedas pedorro de la vida, que no vas a conseguir un muñeco turbomán con brazo ultrapropulsable y nalgas de acero nunca jamás de los jamases!
Y se fue con el gesto torcido y el cuerpo enderezao.
"Vaya, qué tonto es manolito" pensó el chico y siguió andando por la calle.
Un poco más adelante, cuando cruzaba la calle que pasa por al lado de la iglesia, se encontró a su amiga antonieta que se acercaba de frente a él.
-Hola antonieta!
-Hola chico de nombre desconocido! qué tal estás? Dijo la muchachina con una sonrisa en la boca.
-Pos mu bien, ahora mismo iba a comer albóndigas con salsa de roquefort a casa de mi abuelita vestida de verde!"
-A la casa de tu abuelita vestida de verde? y de qué son las albóndigas?? dónde vive tu abuelita??? cómo hace la salsa de roquefort???? por qué vas tú solo????? quieres patatas fritas??????
Ante tal cantidad arrolladora de preguntas inconnómitas a la par que apabullantes, el chico anónimo quedó colapsado de un abrumador sentimiento de tedio, cansinidad y pesadez de hombros, y salió corriendo de allí dejando a Antonieta plantada en mitad de la puerta de la iglesia.
Continuó andando, y pasó por delante de una frutería donde vio a su amiga Paca, que estaba despachando unos rábanos a una maruja con cara de cotilla enfermiza con resfriado.
-Hola chico sin nombre! dijo Paca desde dentro de la tienda.
-Hola mujer sin oficio ni beneficio! que estás ahí liadilla con las coles de bruselas, eh?
-Si, pero no pasa na que yo ahora mismo salgo después que venda estos tomates frehcoj frehcoj (frescos frescos).
-Bueno, yo es que llevaba prisa, que voy a la casa de mi abuelita.
--OOOOOOOYE NIÑO, QUÉ TAL ESTÁS!?!?!?
El chico alzó la vista ante tan desproporcionado acto de vulgaridad y vio a la verdulera madre de la frutera, que le hablaba desde un octavo piso a voz en grito.
--BIEN SEÑORA, BIEN! AHORA IBA A LA CASA DE MI ABUELITA!
--DE TU ABUELITA!?? AY QUÉ BIEN QUÉ MAJO!
Ante esta muestra de afecto y cariño desinteresado, el chico sólo pudo sonreir y seguir caminando mirando al suelo sintiéndose desbordado por la vergüenza de la situación. Paca le siguió hablando mientras despachaba el perejil, pero el chico no paró de andar, y continuó su viaje hacia la casa de su abuelita vestidita de verde.
-Manolín, manolín! dónde vas tú tan tontento, digo, contento?? Preguntó el chico.
-Pos no ves que llevo la cartera del colegio??? me voy a estudiar!
-Pero si las clases ya se han acabao manolín. Ahora estamos de vacaciones y hasta la semana que viene no hay colegio que valga ni pa bien ni pa mal ni pa los altos, feos o guapos.
-Ah, pero yo ahora tengo muchos exámenes y tengo que estudiar mucho para que mis padres me compren un muñeco turboman.
-Vaya manolín, eso no está bien, no deberías estudiar por el muñeco, sino por la necesidad de aprender para volverte más listo en la vida y poder hacerte un hombre de bien.
-Anda déjame; tengo que conseguir ese muñeco turbomán como sea. Ale, ahí te quedas pedorro de la vida, que no vas a conseguir un muñeco turbomán con brazo ultrapropulsable y nalgas de acero nunca jamás de los jamases!
Y se fue con el gesto torcido y el cuerpo enderezao.
"Vaya, qué tonto es manolito" pensó el chico y siguió andando por la calle.
Un poco más adelante, cuando cruzaba la calle que pasa por al lado de la iglesia, se encontró a su amiga antonieta que se acercaba de frente a él.
-Hola antonieta!
-Hola chico de nombre desconocido! qué tal estás? Dijo la muchachina con una sonrisa en la boca.
-Pos mu bien, ahora mismo iba a comer albóndigas con salsa de roquefort a casa de mi abuelita vestida de verde!"
-A la casa de tu abuelita vestida de verde? y de qué son las albóndigas?? dónde vive tu abuelita??? cómo hace la salsa de roquefort???? por qué vas tú solo????? quieres patatas fritas??????
Ante tal cantidad arrolladora de preguntas inconnómitas a la par que apabullantes, el chico anónimo quedó colapsado de un abrumador sentimiento de tedio, cansinidad y pesadez de hombros, y salió corriendo de allí dejando a Antonieta plantada en mitad de la puerta de la iglesia.
Continuó andando, y pasó por delante de una frutería donde vio a su amiga Paca, que estaba despachando unos rábanos a una maruja con cara de cotilla enfermiza con resfriado.
-Hola chico sin nombre! dijo Paca desde dentro de la tienda.
-Hola mujer sin oficio ni beneficio! que estás ahí liadilla con las coles de bruselas, eh?
-Si, pero no pasa na que yo ahora mismo salgo después que venda estos tomates frehcoj frehcoj (frescos frescos).
-Bueno, yo es que llevaba prisa, que voy a la casa de mi abuelita.
--OOOOOOOYE NIÑO, QUÉ TAL ESTÁS!?!?!?
El chico alzó la vista ante tan desproporcionado acto de vulgaridad y vio a la verdulera madre de la frutera, que le hablaba desde un octavo piso a voz en grito.
--BIEN SEÑORA, BIEN! AHORA IBA A LA CASA DE MI ABUELITA!
--DE TU ABUELITA!?? AY QUÉ BIEN QUÉ MAJO!
Ante esta muestra de afecto y cariño desinteresado, el chico sólo pudo sonreir y seguir caminando mirando al suelo sintiéndose desbordado por la vergüenza de la situación. Paca le siguió hablando mientras despachaba el perejil, pero el chico no paró de andar, y continuó su viaje hacia la casa de su abuelita vestidita de verde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)