Yo también me apunto a hablar del finde


-De acuerdo; le ayudaré a recobrar la memoria, Davidopoulos. No se preocupe, está en buenas manos. Bien, comencemos por algo reciente: qué me dice sobre este fin de semana, ¿es capaz de recordar algo de lo que hizo?-
-Tan sólo imágenes sueltas, objetos, sentimientos... no sé si podré recrear hechos concretos. Tengo la constante sensación de haber estado soñando durante estos últimos días.-
-De acuerdo, no se preocupe; ahora relájese y cierre los ojos. Dígame; ¿qué es lo que ve?
-Veo... un enorme avión de papel; pero yo no voy montado sobre él. El avión despega, y yo decido quedarme. Tengo aquí asuntos que atender.-
-¿Qué clase de asuntos?-
-Tengo que resolver..., tengo que hablar con alguien.-
-¿Con quién tiene que hablar?-
-No lo sé; recuerdo varias personas. Veo a unas amigas; son dos chicas. Camino con ellas distendidamente por la calle. Creo recordar algo sobre unas setas; una especie de champiñones, una exposición de champiñones o algo así.-
-¿Una exposición de champiñones?-
-Sí. ¿Estoy majara, no es cierto?-
-Qué va, yo adoro las "exposiciones de champiñones"... por favor, continúe. Dijo que iba cambinando con dos amigas.-
-También recuerdo algo así como una feria de tecnología. Con una pelota que se mueve con la mente, y una mesa con música y cuadrados que suenan. Piezas cuadradas que colocas en la mesa, y producen sonido; cubos de colores.-
-¿Cubos de colores con sonido?-
-Sí.-
-Y dígame, ¿usted habla sobre algo concreto con sus amigas?; ¿es con ellas con quien debe hablar?-
-Hablo con ellas, pero creo que no es con ellas con quien tengo que hablar. No, esa sensación no es con ellas.-
-¿Recuerda haber estado con alguien más este fin de semana?-
-Recuerdo tener mucho sueño. Madrugo; he debido dormir muy poco. Salgo muy temprano de mi casa, y cojo el tren. Voy... voy a Madrid como siempre, pero no recuerdo haber estado en la zona a la que me dirijo con anterioridad.-
-Y cuando alcanza su destino, ¿qué me puede decir de allí donde llega?-
-Espero; he llegado un poco pronto. Hace mucho frío. Alguien se acerca a mí; es una chica. Una chica con un gorro bastante peculiar. Es como de tres colores, azul, verde y... algún otro que ahora no logro distinguir; lo que sí veo es que el gorro además tiene un lazo. Lo cierto es que la chica, por la forma en que iba vestida con un abrigo negro largo y el gorro tricolor en la cabeza, parece sacada de una película de Woody Allen. Ella me guía hasta lo que parece ser su casa; debemos tener algo que hacer allí.-
-¿Qué ocurre cuando llega hasta la casa de la chica?-
-Permanecemos durante horas delante de una pantalla de ordenador, con un problema bastante extraño de hélices, o algo así. Creo que estaba muy cansado, así que me siento en el suelo y me pongo a comer frutos secos.-
-¿Come frutos secos sentado en el suelo?-
-Kikos y pistachos, sí.-
-Dígame, ¿es eso lo que tenía que hablar, lo que le preocupaba? ¿el... problema de la hélice?-
-No... creo que no era eso. No es un problema sobre algo... era alguien. Hay alguien más.-
-¿Cree que puede recordar a alguien más?-
-Creo que sí. Recuerdo a... es... es una chica. La recuerdo. Nuestras miradas se cruzan; es con ella con quien debo hablar. Pero ahora no existe mi voz; no es el momento. Nos besamos. Recuerdo sus ojos, encendiendo los míos. Recuerdo sus labios, embriagando mi alma. Su cuerpo...; cada palmo de su piel estremeciéndose. Por un instante soy capaz de sentir cada pulso de su corazón.-
-...-
-Entonces volvió el frío. Estuvimos sentados en aquel banco hablando, mientras yo decía todo aquello que sentía. Después recuerdo escuchar sus sollozos. Y después...-
-¿Qué ocurrió después?-
-Volvimos a sonreir. Caminamos juntos despreocupados, tan sólo pendientes el uno del otro. Ya no hacía frío. Recuerdo cenar con ella. Recuerdo sus ojos, fundiéndose con los míos. Busqué en su mirada, y encontré algo que hacía tiempo no veía. Ahora todo estaba dicho; de mis labios no salía ningún sonido. Tan sólo deseaba sonreir.-
-Entonces todo acabó bien, ¿no es cierto?-
-Sí; todo acabó bien. Excepto... se le cayó un anillo... mientras cenábamos. No sé si logramos encontrarlo...-
-Bueno, creo que podemos dejarlo por hoy. Has hecho muy buenos progresos, Davidopoulos. Muy poca gente recupera tan rápido parte de la memoria como has conseguido hacerlo tú. Pásate por aquí dentro de unos días; seguiremos con el tratamiento. Ah, y una cosa más...-
-¿Sí?-
-Estaba en los pies de la señora que cenaba al lado vuestra.-
-¿El qué?-
-El anillo.-
-Es... es... es cierto, ahora lo recuerdo. Fui yo quien lo encontró; pero, un momento, ¿cómo... cómo sabe usted eso...?-

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Despierto en mitad de una conferencia sobre la aerodinámica de los aviones de papel. Un amigo mío está mirándome fíjamente, con un gesto de desaprobación.
-Dormirte en mitad de la conferencia... debería darte vergüenza; no tienes remedio.-
-Hago lo que puedo, es que esta noche he dormido un poco mal.-
-¿Has vuelto a discutir con ella?-
-Sí.-
-Riñas de pareja; en fin... ¿vendrás al final el fin de semana, o prefieres quedarte aquí? Nos lo pasaremos bien, he montado un mierdiconcurso para disuadir a la gente de que se suicide en medio de las charlas...-
-¿Que si voy a ir este fin de semana...? No..., creo que me quedaré; creo que será mejor que me quede; necesito... hablar con alguien. Pasadlo bien, capullines.

-Diario del Capitán-

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En un tiempo remoto, 96 hectáreas de barco de velas sin color surcaba los mares sin cesar, día tras día, tras día, noche tras noche tras noche tras noche. Parecía buscar un tesoro, escondido en una isla ya desierta. Ni una sola rata en el barco.

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No..., es un pirata


Y ella dice "no..., es un pirata"; y se besan.





Pues menudo final de mierda.

Tu rueda nunca dejará de girar


Los amigos no se van; los amigos permanecen para siempre. Nos acompañan aun cuando han partido hacia una vida mejor, porque forman parte de nosotros. Porque en nosotros queda cada uno de los segundos que pasamos con ellos, cada gesto, cada palabra.

Hoy tú, Piticli (mi hamster), te has ido para no regresar; hoy tú, Piticli, has decidido quedarte conmigo para siempre. Por todos aquellos momentos que pasé observándote correr en tu rueda; por todas las noches que te fastidié haciéndote correr por tu jaula; por todos aquellos mordiscos que me pegaste en el dedo, y los improperios cariñosos que te dedique... capullo; por cuando te tuve que llevar al veterinario y te cagabas en la mano de la chica que te atendía; por cuando te escapabas de tu jaula (que aún no entiendo cómo te escurrías entre los barrotes) y me hacías levantarme en mitad de la noche a buscarte por toda la casa...; por cuando símplemente te quedabas quieto delante de mí, y me observabas con tus grandes ojos negros.
Por todo lo que tú y yo hemos pasado, y lo mucho que de tí he aprendido, tu recuerdo quedará para siempre en mí.

Dicen, que al igual que los perros, todos los hamsters van al cielo; pero tú, hermano... tú para mí no morirás jamás.



Hoy, Piticli, vivirás eternamente.

Quizá tan sólo estés dormida...
Quizá tan sólo duermas...

[Silencio]

Gott weiss ich will kein Engel sein


Me miras desde lo alto; tus ojos fijan sus negras y eternas pupilas en las mías. Me hundo en ellas; caigo en sus tinieblas. La oscuridad me envuelve, me oprime, para dar paso a las llamas. El incendio me rodea, no puedo escapar. Alcanzo a distinguir unas sombras detrás de las llamas. Miles de seres ahora me miran fíjamente. Se rien; alcanzo a escuchar sus carcajadas. Vienen hacia mí. Ellos me sujetan de pies y manos, me apresan, y me arrastran hacia las llamas. Yo te miro. Intento gritar, pero desde la luz no puedes alcanzarme. Envuelta en el vapor de las nubes, comprendo tu naturaleza divina. Una lágrima resvala por tu rostro, mientras hemos de decirnos adios.

Lo siento amor, pero Dios sabe que nunca quise ser un ángel.

Dalai Lama


Los budistas tibetanos consideran que los dalái lamas son emanaciones (reencarnaciones en alma) del Buddha Avalokiteśvara, bodhisattva de la Compasión. Aunque no es un maestro Buddha sino un Bodhisattva, el Buddha Avalokiteśvara es el patrono del Tíbet y creen que tras su muerte, tras la muerte del dalái lama, su conciencia sutil tarda un intervalo de cuarenta y nueve días, a lo sumo, para encarnarse de nuevo en un niño que ya desde su nacimiento puede dar señales de su carácter especial.

Hoy nazco para morir; igual que un mortal.
Hoy muero para volver a nacer; igual que un dios.