Nunca dejaré de arder
Te busco;
te busco en mi mente.
Encuentro tu imagen pálida;
difuminada.
Ya no sé quién eres.
Llanto.
Mis lágrimas son derramadas por ti;
pero mis lágrimas no apagarán el fuego.
Mis lágrimas no apagarán el fuego.
Nunca dejaré de arder.
Te observo;
pero no puedo verte.
Ya no logro ver nada.
Las lágrimas ahora brotan de mis ojos muertos;
brotan y empapan mi rostro.
Empapan mi rostro,
calan mis huesos;
pero nunca dejaré de arder.
Nunca dejaré de arder.
te busco en mi mente.
Encuentro tu imagen pálida;
difuminada.
Ya no sé quién eres.
Llanto.
Mis lágrimas son derramadas por ti;
pero mis lágrimas no apagarán el fuego.
Mis lágrimas no apagarán el fuego.
Nunca dejaré de arder.
Te observo;
pero no puedo verte.
Ya no logro ver nada.
Las lágrimas ahora brotan de mis ojos muertos;
brotan y empapan mi rostro.
Empapan mi rostro,
calan mis huesos;
pero nunca dejaré de arder.
Nunca dejaré de arder.
Morado cacahuete

Despierto sobresaltado en mitad de la noche. Atónito, escucho el suave carraspeo de una respiración justo al lado de mi almohada. Desencajado, mis ojos vislumbran un cuerpo enano bajo una túnica; su cabeza arrugada y verde se mueve lentamente, hasta que los ojos de aquel extraño ser se clavan en los míos. Mi respiración se corta, mis músculos se congelan; lo único que soy capaz de hacer es apretar fuertemente los dedos de los pies, acto de defensa del cuerpo, que creo que en esta ocasión no me servirá de mucho. Entonces aquel me dice lentamente:
-Demasiado vago tú ser, Davidopoulos; los caminos de la fuerza huir de la pereza. Tu entrenamiento imposible es.-
Abrí tanto los ojos ante esta aparición, que uno de ellos se salió de una de mis cuencas y le dio al extraño ser antes citado en la cabeza, haciendo que se desplomase instantáneamente en el suelo. "¡Mierda!" grité, y bajé de un brinco de la cama, con tan mala suerte que pisé mi ojo recién extraviado y caí golpeándome la parte encefalo meridional trasera del cráneo, lo que hizo que perdiese el conocimiento. Cuando hube vuelto en mí, el sol entraba por la ventana de mi cuarto que en vez de ser cuadrada como yo la recordaba de toda la vida, ahora era redonda. Fuí a asomarme a dicha ventana, acercándome progresivamente a ella, hasta que me di un coscorrón con el cristal; claro, no recordaba que tenía un sólo ojo y había perdido la visión en 3D, es decir, la profundidad.
Con mi frente aún dolorida, pude observar con estupor que mágicamente me encontraba en algún extraño buque, surcando el océano, dado que desde mi ventana sólo lograba ver agua y más agua. Alguien me gritaba desde lo que debía ser la cubierta del barco, así que me puse un parche que encontré tirado por el suelo en la cuenca vacía de mi ojo perdido, y subí a ver qué ocurría.
-¿¡Acaso pensabas quedarte todo el día durmiendo, demonios!? ¡Limpia la cubierta, que es lo único que sabes hacer!-. Dijo un extraño hombre de barba blanca y larga, con un loro asqueroso en el hombro, mientras me arrojaba una escoba ( y os preguntaréis, ¿y por qué el loro era asqueroso?...mejor no preguntéis).
Comencé a limpiar la cubierta, hasta que advertí que algo estaba chistándome. Miré hacia los lados, pero no vi nada en especial. "Qué raro..." pensé, y seguí limpiando. Instantes más tarde, algo me hizo un enorme dolor en la mano donde tenía agarrada la escoba, como si me hubieran mordido. Era la escoba, que tenía ojos y boca, la que acababa de morderme, y llevaba todo el rato llamándome.
-Subete a mí y escapemos volando de este barco, Davidopoulos, ¡no lo pienses más!.-
Me subí a aquella escoba y comencé a elevarme muy alto. Tan alto que sentí que podría llegar hasta el cielo, que podría rozarlo con los dedos. Los marineros del barco me gritaban a pleno pulmón, pero yo no podía oírles. A mis ojos ya parecían como pequeñas hormiguitas, mientras seguía subiendo y subiendo camino del sol. Hacía mucho calor, demasiado calor; tanto, que la escoba en que estaba subiendo comenzó a derretirse, mientras ésta me dedicaba improperios no susceptibles de transcribirse en horario infantil. Justo cuando creí alcanzar el cielo me quedé sin escoba y comencé a caer; caí y caí y caí, hasta meterme dentro del mar. Me hundí lentamente en aquellas aguas teñidas de un extraño color morado cacahuete. Cada vez estaba más hondo, y todo era más oscuro, hasta que llegó un momento en que sólo había oscuridad. De repente, una luz cegadora aparece justo a mis pies, deslumbrándome. Consigo distinguir un enorme y descomunal ojo; un ojo luminoso que me mira fíjamente mientras caigo. Entonces oigo una voz "bichito, despierta"
...
Suena el despertador. Me incorporo rápidamente en la cama y lo apago con fastidio. No recordaba que fuera lunes y tuviera que ir a la universidad. Lo cierto es que odio madrugar más que nada en el mundo;¿y si me salto la clase y me quedo durmiendo? Al menos es una opción a tener en cuenta... Me recuesto en la cama con los ojos abiertos a considerar la posibilidad. Debí haberme acostado antes... si lo hubiera hecho ahora no tendría tanto sueño. Me debato entre la pereza y la conciencia. Necesito pensarlo un poco más, no puedo tomar una decisión precipitada. Cierro los ojos para poder dilucidar mejor.
Abro los ojos; un extraño ser de cabeza verde y arrugada me observa justo al lado de mi almohada.
Monstruos S.A.
¿Y para qué quieres un disfraz, si con esa cara ya asustas a los muertos?
Si es que a lo mejor tú no te das cuénta, pero para lo paranormal es injusto que salgas en halloween; que eclipsas a las brujas, los zombis y los chupasangre esos de películas baratas para quinceañeras. Espero que, al menos, en vez de dejar ver tu horrible tez en algún restaurante de medio pelo escasa y agradecídamente mal iluminado por velitas de pega, seas consecuente con el mundo que te rodea, y te quedes a cenar en casa tu habitual cubo de cabezas de pescado. Que vale que por un día pases desapercibido, pero no todos los días son fiesta. Que el sol sale, y a mí cada vez que te veo a la luz del día me da la sensación de que se te va a derretir la cara; y ya estoy harto de salir con un cubo por si te disuelves por el camino.
Yo creo que este halloween deberías disfrazarte de fantasma; caracterizado ya estás, y a mí sinceramente que la idea de echarte una sábana por la cabeza y que sólo se te vean los ojos, me atrae más que un apartamento en Marina d'or..., ese al que no podrías venir, que la última vez que fuiste a la playa y te metiste en el mar, de la roña que empezaste a soltar el gobierno tuvo que reactivar el plan de limpieza del chapapote.
Si es que en este mundo no se puede dar tanto miedo, que por asustar, asustas hasta a la muerte, y ya son 25 conductores de camiones cisterna a los que hemos untado para que te atropellen en repetidas ocasiones, y sales de allí fresco y feliz como un pajarillo.
Así que ya lo sabes; halloween, sí, pero con tranquilidad, que los muertos vivientes tienen derecho a pululular una noche al menos a su libre albedrío, antes de sufrir otra horrible defunción por la visión de tu careto.
Waka, waka, mole, mole; porque esto es África.
Si es que a lo mejor tú no te das cuénta, pero para lo paranormal es injusto que salgas en halloween; que eclipsas a las brujas, los zombis y los chupasangre esos de películas baratas para quinceañeras. Espero que, al menos, en vez de dejar ver tu horrible tez en algún restaurante de medio pelo escasa y agradecídamente mal iluminado por velitas de pega, seas consecuente con el mundo que te rodea, y te quedes a cenar en casa tu habitual cubo de cabezas de pescado. Que vale que por un día pases desapercibido, pero no todos los días son fiesta. Que el sol sale, y a mí cada vez que te veo a la luz del día me da la sensación de que se te va a derretir la cara; y ya estoy harto de salir con un cubo por si te disuelves por el camino.
Yo creo que este halloween deberías disfrazarte de fantasma; caracterizado ya estás, y a mí sinceramente que la idea de echarte una sábana por la cabeza y que sólo se te vean los ojos, me atrae más que un apartamento en Marina d'or..., ese al que no podrías venir, que la última vez que fuiste a la playa y te metiste en el mar, de la roña que empezaste a soltar el gobierno tuvo que reactivar el plan de limpieza del chapapote.
Si es que en este mundo no se puede dar tanto miedo, que por asustar, asustas hasta a la muerte, y ya son 25 conductores de camiones cisterna a los que hemos untado para que te atropellen en repetidas ocasiones, y sales de allí fresco y feliz como un pajarillo.
Así que ya lo sabes; halloween, sí, pero con tranquilidad, que los muertos vivientes tienen derecho a pululular una noche al menos a su libre albedrío, antes de sufrir otra horrible defunción por la visión de tu careto.
Waka, waka, mole, mole; porque esto es África.
La Familia

Entonces comenzó a correr como alma que lleva el demonio, perseguido por aquella ingente manada de tortugas asesinas. Estaba aterrorizado, y ellos lo sabían; podían oler su miedo.
Dos kilómetros más tarde, las fuerzas del pequeño Timmy comenzaron a flaquear; poco a poco, exhausto, fue perdiendo terreno con sus perseguidoras. Ellas no tardaron en llegar hasta él y... y... el pequeño fue deborado allí mismo. Timmy, mi pequeño Timmy, fue deborado por aquella manada de tortugas.
...
Escúchame lo que te digo, Davidenchio; ojo por ojo. Vengaré la muerte de mi hijo con la sangre de esos malditos hombre-tortuga.
Pero Sacrestanni, los Tortuguelli son una familia demasiado poderosa. Sus hombres se cuentan por cientos en este lado de la ciudad; sería una locura entrar en una guerra entre familias, ¡una locura!
Ah, ah; silencio, Davidenchio; aún eres joven para entender: en la familia el honor lo es todo. Ahora acompáñame, hemos de comprar algo de fruta para vuestra madre.
Bajamos del coche, y nos acercamos al puesto de venta de fruta. Nos encontrábamos en el mercado del suroeste de la ciudad, el cual abarcaba una enorme calle, y sucesivas ramificaciones adyacentes. Comenzaba con los puestos dedicados a la venta de comida y víveres, y se diversificaba entre utensilios de cocina, artículos para el hogar, libros, o ropa. Todo el mercado estaba lleno de gente, que intentaban llevarse los productos al mejor precio. El bullicio era ensordecedor, sobresaltado por los anuncios de los mercaderes que pregonaban sus productos a voz en grito,"¡las mejores patatas de la ciudad, ahora tan sólo dos pesetas!". Multitud de mendigos se agolpaban en los aledaños de los puestos de comestibles, esperando la limosna de los comerciantes y compradores.
Comenzamos a caminar hacia el puesto de fruta, siendo objeto de todas las miradas. Sacrestanni era un hombre importante; un hombre con y de buena familia, respetado y admirado por todos... o casi todos. Su corpulencia y altura le daban un aspecto imponente, que amedrentaba a todo aquel que tratara con él. Era un hombre de maneras educadas, pero frío y lejano en el trato. No obstante, se había ganado la fama de "ser amigo de sus amigos", lo que hacía que sus negocios fueran tratados siempre, más que como un simple trámite entre dos hombres, como un "pacto entre caballeros", digno de toda confianza y respeto.
Esta vez iba ataviado con un grueso abrigo negro, largo y de corte recto, que acentuaba aún más su altura, y le daba un aspecto más señorial, pero a la vez más cercano.
Haz tú las compras para tu madre, yo he de atender unos asuntos.
Y sin mediar más palabra se acercó al dependiente, el cual le saludó quitándose la sucia y roída boina de la cabeza, y besándole en la mano. Por como vestía, el mercader no debía atravesar un buen momento, ya que su ropa estaba hecha arapos, y su gesto era de una continua ansiedad y nerviosismo. Ambos entraron al local de la frutería a la que pertenecía el puesto, que se encontraba situado justo detrás de éste.
Yo me quedé comprando la fruta que me había sido encargada por mi madre. Le pedí al chico jóven que hacía las veces de encargado, que me sirviera medio kilo de albaricoques. Mientras él iba metiendo la fruta en una pequeña bolsa marrón de papel, escuché un grito cerca de allí.
Una mujer mayor, la propietaria de un pequeño comercio de legumbres, gritaba y sollozaba mientras veía cómo un grupo de cuatro hombres-tortuga destrozaban su puesto a patadas y empujones. Nadie paraba a auxiliar a la anciana, todos sabían que era mejor no meterse en problemas que no les concernían. Mientras tanto, los hombres-tortuga reducían a escombros el trabajo de la mujer, y esparcían toda su mercancía de lentejas y judías por el suelo.
"Crees que puedes reirte de nosotros, ¿estúpida vieja?", espetaron. "Así aprenderás quién manda".
Uno de los hombres-tortuga abofeteó a la mujer, que cayó al suelo. En ese instante, eché a correr hacia la anciana. LLegué hasta ella, y cogí su cabeza entre mis brazos; estaba sangrando. "Más le vale tener el dinero la próxima vez" dijeron, y comenzaron a alejarse lentamente. Tres de ellos subieron a un coche negro, que les estaba esperando; el cuarto se quedó de pié unos segundos, justo antes de entrar al coche, mirándome fíjamente a los ojos. Nuestras miradas se cruzaron durante unos instantes, vacilantes. Aquellos ojos oscuros y saltones del hombre tortuga se clavaron en mi cerebro; su cuerpo era parecido al de un humano, pero su color era de un verde muy oscuro. En las manos podría adivinarse algo parecido a pequeñas garras, unos dedos muy finos que terminaban en puntas afiladas. Su rostro era aún más oscuro que el resto de su cuerpo; tenía unos grandes ojos saltones, y toda su tez iba a acabar en una nariz saltona. Sus orejas eran chatas, casi inexistentes, y carecían completamente de pelo. Todos portaban un caparazón a la espalda, que llevaban visible por fuera del traje.
Aquellos instantes parecieron horas hasta que por fin aquel hombre-tortuga subió al coche y se hubo marchado. La anciana, aún temblorosa, me pidió que la llevara dentro del local, con su hija. La tomé entre mis brazos, y abrí la puerta de aquella tienda.
In Memoriam

Mueres en sueños pero no logras abrir los ojos; y cuando por fin consigues abrirlos, te das cuenta de que tan sólo creíste haber despertado, que sigues dormido, atrapado en el sueño, esperando volver a morir.
Y es que tan sólo aquellos que viven, son capaces de encontrar la muerte.
#25
¿Te pasarás ahí toda la noche, es que no piensas dormir?
No puedo dormir; aún no he cumplido los sueños que tuve ayer.
No puedo dormir; aún no he cumplido los sueños que tuve ayer.
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