Tengo un problema existencial intrínseco en mi persona, y necesito el consejo de la blogosfera.
Resulta que este fin de semana es el cumpleaños de una amiga, y me ha invitado a pasar la noche con unos amigos en Madrid. Todo eso estaría de puta madre si no viviera bajo una poco más que aparente dictadura patriarcal, en la que lo más tarde que puedo llegar a casa son las 3 y media o así de la noche.
Yo no vivo en la capital; vivo en uno de los municipios del suroeste de la región. Para llegar a mi casa a esa hora y cumplir con lo que mi padre considera correcto, debería caminar por Madrid a las tantas de la noche, yo sólo, desde el remoto local donde estuviéramos hasta P. Pio, para coger uno de los buhos de escueto horario que me traerían de vuelta al hogar. Podría hacerlo y joderme; pero el básico problema fundamental es que no tengo ni puta idea de moverme por Madrid, a parte de una tendencia mía interna a quedarme en el cumpleaños de mi amiga, coño, que ya soy mayorcito y me quiero divertir como todo el puto mundo. Mi padre no me dejará quedarme toda la noche en Madrid, y menos sabiendo que estoy en Madrid, por lo que a priori podría parecer todo perdido... a priori...
Justo ese día, la localidad en la que vivo celebra unas fiestas patronales, que podría intentar usar como escusa y coartada para irme a mi fiesta a hurtadillas, ni siquiera asegurando hoy día que me fueran a dejar hasta al menos las 7 de la mañana, que sería la hora en la que volvería de Madrid, haciendo uso del metro.
Nunca he podido razonar nada con mi padre; es de mente cerrada. Lo que es así, es así porque él lo dice y no hay más que hablar; y si te pones pesado, sube el volumen de la tele para hacerte entender que no te está escuchando. Da igual lo que digas, o lo que hagas.
La pregunta que os lanzo es la siguiente: ¿qué debo hacer a mis 20 años? ¿Debo hablar con mis padres para que me dejen pasar la noche en Madrid, dialogando (inútilmente) con ellos para que vean que soy un chico responsable (cosa que nunca han sabido ver) y que realmente sería mejor y más seguro para mi pasar la noche allí y volverme acompañado al día siguiente? ¿Debo salir yo sólo del local a las 2 de la mañana yéndome en el inicio del cumpleaños, agachar la cabeza, recorrer medio madrid a pata sin tener ni idea de dónde me muevo, y tratar de volver un día más a casita como mis padres me han enseñado? ¿O debería mentir y decir que me dejen más para estar en las fiestas de aquí, a quince minutos de casa, con la posibilidad de que me llamen a cualquier hora y no poder volver hasta las 7 de la mañana sin motivo aparente? Por no mencionar que esto último sería mentira, y yo a parte de que odio mentir, no creo que teniendo conciencia de mí mismo como la tengo, deba recurrir a estas burdas patrañas para que confíen en mi de una puta vez...
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Oh, sabia blogosfera, oh, ávidos lectores, iluminadme con vuestros comentarios!!!!!!!!!!!
¿Repetimos?
Qué bonita es la época de examenes... sobre todo cuando pilla lejos.
Se acaba lo "bueno", tenemos el palito preparado para tu cavidad anal, y lo más apropiado para tu integridad rectal es que empieces a hincar los codos (o las rodillas, lo que prefieras) cuanto antes. Atrás quedaron esos bonitos días de inactividad mental; mañanas y tardes dedicadas al ocio y a la sociabilidad, conceptos que ahora suenan lejanos y olvidados. Es el momento de empezar a currar y mentalizarse para un mes y medio de "emociones fuertes": altas dosis de aburrimiento, grandes bocanadas de estrés, y largos períodos de una más que inevitable enajenación mental transitoria, producida por persistentes pesadillas sobre el fracaso y la muerte por sanguijuelas.
La vida no es tan bonita como nos la pintan, todos lo sabemos, pero tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para que aparente ser la menos fea del local. Un poco de maquillaje pa su culo, una peluca pa su cara, y habiéndole quitado las legañas seguro que parece hasta la más mona de todo el bar.
Pues aquí estoy yo hoy, exponiéndole al mundo entero mis buenas intenciones: voy a estudiar, voy a trabajar, y me voy a dejar el culo para que todo vaya como tiene que ir.
Y lo que tenga que ser, que sea... pero al menos nadie podrá decir que no lo he intentado, que no me he plantado delante de los exámenes como un machote o, como se suele decir en mi barrio, con dos cojones.
Se acaba lo "bueno", tenemos el palito preparado para tu cavidad anal, y lo más apropiado para tu integridad rectal es que empieces a hincar los codos (o las rodillas, lo que prefieras) cuanto antes. Atrás quedaron esos bonitos días de inactividad mental; mañanas y tardes dedicadas al ocio y a la sociabilidad, conceptos que ahora suenan lejanos y olvidados. Es el momento de empezar a currar y mentalizarse para un mes y medio de "emociones fuertes": altas dosis de aburrimiento, grandes bocanadas de estrés, y largos períodos de una más que inevitable enajenación mental transitoria, producida por persistentes pesadillas sobre el fracaso y la muerte por sanguijuelas.
La vida no es tan bonita como nos la pintan, todos lo sabemos, pero tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para que aparente ser la menos fea del local. Un poco de maquillaje pa su culo, una peluca pa su cara, y habiéndole quitado las legañas seguro que parece hasta la más mona de todo el bar.
Pues aquí estoy yo hoy, exponiéndole al mundo entero mis buenas intenciones: voy a estudiar, voy a trabajar, y me voy a dejar el culo para que todo vaya como tiene que ir.
Y lo que tenga que ser, que sea... pero al menos nadie podrá decir que no lo he intentado, que no me he plantado delante de los exámenes como un machote o, como se suele decir en mi barrio, con dos cojones.
En el Infierno.- Capítulo 1

Y al ver sus ojos anegados en lágrimas por la muerte de su gato, decidí hacer aquello que todo hombre en su sano juicio haría en mi misma situación: vender su alma al diablo.
El plan era perfecto; vendía mi alma al diablo y bajaba al infierno a buscar a ese pequeño animalejo que, como todos sabemos, formaría parte seguramente de la horda gatuna de adoradores del demonio en su octava vida.
Los gatos son los siervos del demonio en todas las fábulas habidas y por haber, todo el mundo lo sabe. Con esos ojos horripilantes y esas uñas preparadas de forma natural para marcarte los muebles y desgarrarte las cortinas. Si hubiese un sitio donde un gato se sintiese como en casa, ese sería el inframundo.
Pues aquel mismo día redacté un contrato perfectamente estudiado, por el cual vendería mi alma al demonio por tres días de estancia en el infierno, con la posibilidad de traerme de vuelta al pequeño felino que considerase oportuno. Justo cuando terminé de redactarlo y firmarlo, apareció a mi lado un extraño ser de capa negra, guadaña con el filo de Albacete y cuerpo esquelético, que me aseguró encargarse de hacer los trámites como representación de lo tenebroso. La verdad es que era un personaje muy simpático, con el que me estuve tomando un café y discutiendo sobre la paz y la guerra en el mundo.
Al darme cuenta, estaba cayendo por un largo túnel que parecía no tener fondo.
Cuando recuperé la conciencia me encontraba en un gran patio interior de piedra, bañado por la luz de una enorme luna que brillaba color plata en el cielo, y unas antorchas ardiendo colgadas de las paredes. Justo delante de mí había una enorme fuente de piedra, en la que el agua brillaba de forma intensa debido al reflejo de la noche. Detrás de ésta, se encontraba una monstruosa puerta de mármol oscuro, con una inscripción de un rojo vivo, que rezaba "Detrás de la Muerte".
Cuando me hube levantado, caminé decididamente hacia la puerta, hasta que algo llamó mi atención. Había una chica con los cabellos de un rubio intenso y un precioso vestido blanco que me miraba sentada en el borde de la fuente. Me acerqué a ella temeroso, llevado por la curiosidad y el hermoso aspecto de la joven, de una belleza sin duda no terrenal.
"No tengas miedo de acercarte a mi" me dijo pausadamente; "¿por qué has venido a este lugar?.
"He venido en busca de un gato", dije; "he vendido mi alma por tres días en el infierno, para traer de vuelta conmigo a la mascota de una chica, y así consolar su llanto".
"Algunas lágrimas no necesitan consuelo" me replicó ella mirándome fijamente con unos enormes ojos; "ve por él si es lo que deseas".
Comencé a caminar hacia la puerta, y me detuve escasos pasos de ella. Miré hacia atrás, pero la joven ya no estaba allí. Suspiré, y de repente una de las enormes puertas se abrió un par de centímetros.
Dentro todo estaba oscuro; caminé hacia delante a tientas sin poder ver nada, esperando chocar con alguna pared de piedra, o tropezar con un improvisado escalón. A los pocos minutos de andar sin sentido, algo agarró mi mano. "No deberías caminar por aquí tú sólo", dijo; y menos con esos ojos. Me agarró la cabeza y me pringó la cara y los ojos de algún extraño ungüento. Poco después recobré la vista. Me encontraba en un pasillo enormemente largo y muy ancho. Junto a mí, había una chica con un extraño gorro azul en la cabeza, vestida con harapos. Unos mechones de pelo castaño rizado sobresalían por todas partes en su sombrero y, por su gesto, no parecía estar muy contenta. "Vamos, camina" me espetó a la vez que echó a correr por aquel pasillo.
Yo iba a toda prisa justo detrás de ella, en lo que dejó de ser un pasillo recto y se transformó en un intrincado laberinto de corredores y escaleras. A menudo escuchaba gritos y risas a mi alrededor, voces y pasos que se acercaban a mí para alejarse segundos después.
A los pocos minutos, y tras subir lo que me parecieron unas eternas escaleras, salimos de una entrada de piedra subterránea para dar a parar en un bosque. No podía mover un músculo de mi cuerpo, así que me quedé un rato jadeando agachado justo al lado de un enorme árbol. Continuaba siendo de noche, pero en esta ocasión no había ninguna luna en el cielo, y tampoco podía distinguir las estrellas. Era como si estuviese justo debajo de una gran bóveda negra que lo cubriese todo. El aire era frío, y en seguida sentí un intenso dolor abdominal por culpa del esfuerzo que acaba de hacer. Apenas podía respirar; jadeaba. Me giré hacía la chica que me había sacado de allí, pero algo me golpeó en la cabeza al alzar el rostro.
Peluca pa tu cara

Porque con esos rizos siempre pensé que vivirías con una familia de osos... ¡coño! cómo quema la sopa...
En un bosque de la china, una chinita se perdió; como yo andaba perdido nos encontramos los dos. "Perdona, ¿tienes chicles?", le pregunté; "sí, clalo, clalo"; contestó mientras me extendía su mano con un puñado de chicles de fresa duros como piedras magmáticas.
Pasé de la china y continué andando por el bosque, cuando de repente divisé a lo lejos una piscina olímpica. Una chica rubia de figura estilizada estaba a punto de lanzarse desde un enorme trampolín. Me quedé al borde de la piscina esperando a contemplar tan maravilloso salto, el cual me dejaría boquiabierto sin lugar a dudas. Ella cayó al agua tras realizar un salto perfecto con un doble mortal hacia atrás, un tirabuzón hacia delante, un doble looping, un bocadillo de panceta y una lata de aquarius.
Cuando pude recobrar el conocimiento tras aquel espectáculo visual, ella salió del agua al parecer completamente desnuda, y me dijo: "hola, soy Alicia, ¿quieres ver mi país de las maravillas?", a lo que yo respondí "no hay nada que le haga más ilusión a mi solitario pasaporte...".
Ella acercó sus labios a los míos y...
...Y desperté en un bar rodeado de cuatro gitanos rumanos que me urgaban ávidamente en los bolsillos. "¡Me cagon la hostia!" grité revolviéndome y pataleando en aquella sucia mesa en la que había pasado las últimas horas. "Tienes que pagarr la copa, ¿ah?" espetó el camarero de largo y grasiento pelo negro, que iba vestido con una camisa negra abierta dejando ver su pecho lleno de vello pardusco; por si esto fuera poco, en uno de los pectorales llevaba un tatuaje en el que rezaba la palabra... "putón".
Pagué mi triste botella de vodka, y decidí salir cuanto antes de aquel antro.
En la calle hacía un frío de muerte; todo estaba oscuro dado a que estaba bien entrada ya la noche, y me hallaba a las afueras de mi ciudad, muy lejos de mi casa.
Comencé a caminar por las desiertas calles, maldiciendo mi mala fortuna. Por culpa de la mujer del vestido rojo había acabado de esta forma. Recuerdo sus palabras perfectamente; recuerdo aquella sarta de mentiras y malas intenciones que escondía detrás de aquellos ojos intensamente azules. No iba a ver a su abuelita; no llevaba miel en la cestita; y por supuesto, no era de un lobo de lo que se estaba escondiendo.
Me detuve en un banco cerca de un parque y comencé a llorar.
"No tengo otra cosa para que te seques las lágrimas, espero que con esto te sirva"
Alcé la vista; una chica se había sentado a mi lado en el parque, y me ofrecía una peluca de rizos a lo afro para que me secara las lágrimas. "¿Vamos, a qué esperas?""Coge la peluca, es para tus lágrimas; pa tu cara".
Apenas podía distinguir sus ojos en la oscuridad, pero había algo en ella que me hizo confiar en su amable gesto desinteresado. Sequé mis lágrimas con la peluca, y se la devolví. Ella sacó un paquete de pan bimbo, y me ofreció una rebanada de aquel tierno pan blanco sin corteza.
Estuvimos toda la noche hablando.
El sonido del despertador se me clavó en la cabeza. Miré a mi lado, pero ella ya no estaba en la cama conmigo; se había ido.
Me duché, me vestí apresuradamente, y bajé corriendo a coger el autobús. Pero como todas las mañanas, éste se marchaba justo delante de mis ojos, para saludarme una vez más con su horrible traqueteo burlón dejándome en tierra. Caminé hasta la parada, y vi una silueta con un peinado a lo afro sentada en el banco de la marquesina.
"Hola" dije, situándome a su lado; "¿quieres un chicle? pero ten cuidado; están duros como piedras".
Los No-Muertos
Más de una semana sin posts; ya sé que me habeis echado de menos, pero no os preocupeis porque ya estoy aquí con vosotros de nuevo para ilustraros en esta difícil asignatura que es la vida, mis pequeñas almas descarriadas. Hace una semana exactamente vi una película que se me quedó grabada en el cerebro; se llama "Di que sí", es un film de Jim Carrey en el que el personaje principal, que lleva una aburrida y monótona vida, cambia su forma de responder ante el mundo. Comienza a decir que sí a todo lo que se le presenta, y pronto sus días cambian para hacerle sentir vivo. Algo así me ha pasado a mi; no es que haya dicho que sí a todo como el protagonista de la película, pero digamos que ahora me dejo llevar un poco más.
Hace no mucho, me quedé en el messenger hasta la una y media como ya es normal en mi, que llevo el horario cambiao, y me entraron ganas de leer un ratejo antes de irme a la cama. Al día siguiente me levantaba a las 7 y no era plan de acostarse muy tarde (y eso que ya era la una y media), pero decidí ponerme a leer a pesar de todo. Mi madre, que estaba levantada aún, me dijo que me fuera a la cama, que era mu tarde; dijo que al día siguiente no podría moverme del sueño, y yo respondí (con el mensaje de la película aún en la cabeza), con un "¡anda, que la vida está para vivirla!". Aquella noche me acosté a las 3 de la mañana, y me levanté 4 horas más tarde. Esa mañana caminaba por la casa como un alma en pena, deseando mi muerte por el sueño que tenía, y pensé que era curioso todo lo que me pasaba. Que yo, que había presumido de vivir la vida, a esas horas era el que más se sentía en el otro barrio de todos los que aún respiraban en kilómetros a la redonda.
Desde entonces me he sorprendido a mí mismo en el Vicente Calderón con una bufanda del atleti cuando soy madridista de toda la vida; me he visto en mi mejor versión espiritual en mis clases de relajación y antiestrés; he estado corriendo como un desgraciao las 4 de la tarde en los entrenamientos para el torneo de fútbol en el que estoy apuntado; he urgado en las mentes de la gente en improvisados "botellones" en los que yo era uno de los pocos (y afortunados) sobrios de todos los allí presentes; y lo he dado todo en garitos de mala muerte a ritmo de un machacón e interminable "pumba pumba". Eso junto con alguna que otra buena casualidad de la vida y todo ello aderezado con mi frase favorita de que "la verdad nos hará libres", pos hace que esté más animado estos días.
No es que no quiera escribir, es que apenas tengo tiempo.
Lo cierto es que hoy día me gusta vivir como vivo, sin saber un poco a lo que me apuntaré mañana; me siento mucho mejor ahora entre los No-Muertos (como me denominé aquella mañana), que cuando decidí ser uno de aquellos que viven esperando el más allá.
¿Y tú, cómo quieres vivir?
Hace no mucho, me quedé en el messenger hasta la una y media como ya es normal en mi, que llevo el horario cambiao, y me entraron ganas de leer un ratejo antes de irme a la cama. Al día siguiente me levantaba a las 7 y no era plan de acostarse muy tarde (y eso que ya era la una y media), pero decidí ponerme a leer a pesar de todo. Mi madre, que estaba levantada aún, me dijo que me fuera a la cama, que era mu tarde; dijo que al día siguiente no podría moverme del sueño, y yo respondí (con el mensaje de la película aún en la cabeza), con un "¡anda, que la vida está para vivirla!". Aquella noche me acosté a las 3 de la mañana, y me levanté 4 horas más tarde. Esa mañana caminaba por la casa como un alma en pena, deseando mi muerte por el sueño que tenía, y pensé que era curioso todo lo que me pasaba. Que yo, que había presumido de vivir la vida, a esas horas era el que más se sentía en el otro barrio de todos los que aún respiraban en kilómetros a la redonda.
Desde entonces me he sorprendido a mí mismo en el Vicente Calderón con una bufanda del atleti cuando soy madridista de toda la vida; me he visto en mi mejor versión espiritual en mis clases de relajación y antiestrés; he estado corriendo como un desgraciao las 4 de la tarde en los entrenamientos para el torneo de fútbol en el que estoy apuntado; he urgado en las mentes de la gente en improvisados "botellones" en los que yo era uno de los pocos (y afortunados) sobrios de todos los allí presentes; y lo he dado todo en garitos de mala muerte a ritmo de un machacón e interminable "pumba pumba". Eso junto con alguna que otra buena casualidad de la vida y todo ello aderezado con mi frase favorita de que "la verdad nos hará libres", pos hace que esté más animado estos días.
No es que no quiera escribir, es que apenas tengo tiempo.
Lo cierto es que hoy día me gusta vivir como vivo, sin saber un poco a lo que me apuntaré mañana; me siento mucho mejor ahora entre los No-Muertos (como me denominé aquella mañana), que cuando decidí ser uno de aquellos que viven esperando el más allá.
¿Y tú, cómo quieres vivir?
Sí, sí, tú...
Eres cariñosa, alegre, simpática, bondadosa, amable, divertida, alocada, extrovertida, comprensiva, soñadora, inteligente, brillante, sorprendente, fascinante, emprendedora, guapa, ardiente, exótica, atractiva, absorbente, vibrante... pero es que justo el jueves por la noche tengo que actualizar mi blog... ya lo siento; ¡otra vez será!
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