Siempre pensé que el arte nace de la decadencia del hombre.
Y es que sólo se me ocurre dedicarme a tareas humanísticas cuando estoy hecho caca de la vaca que ríe, o cuando el aburrimiento y el tedio que inundan mi mente son tales, que cualquier cosa lejos de pensar en algo didáctico parece una auténtica aventura.
Hoy, ni me aburro, ni me siento cual deyección de perro abandonada en medio de la acera esperando un afortunado zapato que venga a darle ritmo a su existencia; hoy escribo porque no tengo ganas de irme a estudiar de nuevo. Vosotros, como no me conoceis no lo sabeis; o sí me conoceis y no lo sabeis; o me conoceis pero os importo una ñorda; el caso es que hoy debeis ser conscientes de que llevo ya como tres semanas aproximadamente estudiando a tope-tada para los examenes; ahí, con mis cosicas. Y como os estareis imaginando, sí, estoy hasta el culo ya, y eso que ni siquiera han empezado. Por eso no escribo nunca, porque no tengo tiempo, y cuando lo tengo lo dedico a comer, dormir, o hacer malabarismos con los dedos de los pies. Ando flojete de inspiración, pero eso es porque mis "obligaciones" me chupan la vida sin descanso, joder. Estoy seguro de que cuando termine los examenes, todo volverá a la normalidad, y escribiré un post cada dos días o por ahí; y así, todos los que echais de menos mi faceta narrativa, que debeis de rondar el millar, podreis volver a disfrutar de novedosos y jugosones pedacetes de mi vida.
Hasta entonces, escribiré cuando pueda y como pueda, y me pasaré las noches delante de esta pantallita, aguardando mi perdida inspiración.
¿Y mis noches de insomnio? Justo a horas de un examen...
Estafa docente
No fue un examen fácil.
Como todos los parciales de esta horrible asignatura, éste constaba de una parte de teoría tipo test, y una parte de problemas divivida en tres grupos correspondientes uno a cada profesor que imparte la asignatura.
El test no me salió tan mal después de todo. Constaba de 40 preguntas con 4 posibles opciones cada una, en la que sólo había una respuesta verdadera; cada acierto sumaba o,25 puntos, y cada fallo restaba 0,083, por lo que una respuesta correcta te daba un margen de puntuación de 3 respuestas erróneas.
Esa misma mañana estuve repasando exámenes de otros años con un amigo, y tuve la gran suerte de que cayeron justo muchas de las preguntas que nos habíamos leído horas antes. Eso me dió unas 10 preguntas seguras, con lo que sólo tenía que contestar a 10 más para aprobar. He de decir que ni siquiera tenía que aprobar el parcial, ya que me hacía media con otro anterior en el que saqué un 6, por lo que un cuatro en princpio me debería valer como billete para el patio de recreo celestial de los aprobados.
Marqué en total 22 respuestas de las 40 que había, ya que el final del examen fue bastante más jodidillo. No pude copiarme de nadie y eso que mi estrategia de colocarme en la última fila funcionó a la perfección, debido a que mi compañero que estaba delante gastaba más o menos la misma idea que yo, por lo que ahí me valí de mí mismo para solventar la situación.
Lo verdaderamente significatico del examen vendría después.
Pasado un descanso de 15 minutos, volvimos a entrar en el aula para la parte de problemas. Esta parte, como hice mención antes, se subdivide en otras tres, cada una perteneciente a cada profesor.
Uno de ellos es el subdirector de la escuela, un hombre de unos 40 y tantos años, bastante majo la verdad, que nos pone ejercicios de mil fórmulas, pero que nos deja todos los apuntes para el examen y nos ayuda con la corrección en caso de tener que ir a la revisión del control.
Otro de los profesores, es un hombre que le dió clase al anterior, que rondará los 65-70 años, y que a parte de ser un viejecito con mucha vitalidad, posee el inconveniente de chochear bastante. Sus ejercicios son de estadística, muy asequibles y fáciles de hacer, y más cuando él nos permite llevarnos un formulario para que no tengamos que aprendernos todas las fórmulas de memoria.
El tercer profesor es un viejo asqueroso de la misma edad que el anterior, que te trata como si fueras un completo imbécil, adoptando una actitud de superioridad y autosuficiencia cada vez que se dirige a un alumno. Realiza preguntas con trampa en sus soporíferas clases, en las que busca cualquier detalle para dejarte como el alumno más tonto del universo. No permite ninguna clase de formulario para sus problemas, y hace que entre en examen temas que, o no ha dado, o a ha dado esa misma mañana muy por encima, leyendo fragmentos del libro universitario que él mismo ha escrito con una expresión pésima, sin comas ni puntos, por no hablar de los acentos por los que, si nos dieran una décima por cada uno que no pone, podríamos aprobar la mitad de la carrera tan sólo con uno de los tomos de su obra. Habla mal por culpa de su dentadura postiza, y tiene una flema persistente en la garganta que hace que carraspee cada 40 segundos, haciendo de sus clases una de las mayores torturas habidas hasta la fecha. Para colmo, en sus prácticas ni siquiera es capaz de bajarnos al taller como hacen los otros dos profesores para ver en vivo las máquinas que nos mierdi-explica, sino que nos pone un video en el que sale él 20 años más jóven, y en el que se supone nos mostraría cómo funcionan, de no ser porque el 90% del tiempo que dura tan desafortunado cortometraje, lo único que se alcanza a distinguir es un primer plano de su brazo y de su hombro, y las 10 veces que le dice al cámara "corta, corta".
Hice los problemas del primer profesor gracias a un formulario que se había currao mi amigo, inventándome algunas cosillas y rebuscando entre las mil fórmulas que había apuntadas en el libro. Creo haber aprobado esa parte, o al menos estar muy cerca de haberlo hecho.
Acto seguido, nos repartieron los problemas de los otros dos profesores. Cada ejercicio tiene cuatro respuestas tipo test, y una vez que lo has hecho, tienes que marcar la opción que se corresponde con la respuesta que te ha salido. Llevaba mal los problemas de mi profesor desagradable, así que me dispuse a hacer los de estadística. Eran muy fáciles, los había hecho unas cuantas veces antes, así que no me fue dificl llegar a terminar el problema pero, en ese momento, algo falló: mis respuestas no estaban entre las opciones que había para marcar. Pensé que me habría equivocado, así que repetí una y otra vez el problema, pero me seguía dando el mismo valor. Para aprobar todo el parcial sin contar con el otro problema, debía sacar un 10 en estadística; había hecho el mismo ejercicio muchas veces, era casi imposible que lo estuviera haciendo mal; las fórmulas eran claras y no había variantes del problema, debía ser así por narices. Desesperado, opté por buscar la relación de respuestas entre preguntas; busqué los valores del ejercicio 3 que se correspondían con el ejercicio 4. Esto no es posible en la mayor parte de las asignaturas, ya que un profesor normal de universidad se encarga de enlazarte los resultados entre los distintos apartados, de forma que la única posibilidad de hacer bien el ejercicio es teniendo bien el planteamiento, y no haciendo fullas de ese estilo. Yo sabía que mis profesores viejunos chocheaban, y que no se molestarían en buscar más soluciones factibles quitando la correcta, por lo que gasté un bonito tiempo en hallar la susodicha relación. Con eso saqué 2 de los 4 apartados de los que constaba el problema de estadística. Para que te diera la solución "correcta" debías tener una Pa=0,84 en vez de la Pa=0,14 que te daba el ejercicio.
Los otros dos apartados intenté sacarlos con el valor que había obtenido con mi fulla, pero no conseguí ningún valor de los que allí había. Decidí empezar con el ejercicio de mi profesor desagradable, pero en el primer apartado, al calcular el número de rpm de un torno, éste me daba 104, y el resultado menor por el enunciado era 130. El torno no puede ir a más rpm de las que te da la formulita, eso nos dijo el maldito viejo mil veces en clase, por lo que éste también había giñado los valores. Los dos habían puesto ejercicios en los que las respuestas fijadas no se correspondían con el valor que debía darte en realidad. Todo el mundo levantaba la mano durante el examen porque pasaba lo mismo que a mí, y no sabían qué respuesta marcar. Acabé el examen copiándome de las dos respuestas de estadística que me faltaban, y saliendo de allí indignado y con un horrible sentimiento de estafa.
Ahora sólo queda esperar la nota del examen, que acabarán inventándosela como siempre, eliminando preguntas por haberlas puesto mal, y haciendo una media improvisada como les sale de los mismos genitales. Lo peor de esto, es que este "error" lo vienen cometiendo estos dos personajes todos los años. En cada examen quitan y ponen preguntas como les viene en gana, se equivocan y luego corrigen a su modo, que no suele beneficiar a nadie; siguen ejerciendo año tras año hasta que la dirección de la escuela les obliga a jubilarse por ley. Estudias para un examen, y el examen resulta ser una verdadera lotería.
Y luego en el instituto nos corregían porque en vez de decir "he suspendido", usábamos la frase "me han suspendido"... hijos de puta.
Como todos los parciales de esta horrible asignatura, éste constaba de una parte de teoría tipo test, y una parte de problemas divivida en tres grupos correspondientes uno a cada profesor que imparte la asignatura.
El test no me salió tan mal después de todo. Constaba de 40 preguntas con 4 posibles opciones cada una, en la que sólo había una respuesta verdadera; cada acierto sumaba o,25 puntos, y cada fallo restaba 0,083, por lo que una respuesta correcta te daba un margen de puntuación de 3 respuestas erróneas.
Esa misma mañana estuve repasando exámenes de otros años con un amigo, y tuve la gran suerte de que cayeron justo muchas de las preguntas que nos habíamos leído horas antes. Eso me dió unas 10 preguntas seguras, con lo que sólo tenía que contestar a 10 más para aprobar. He de decir que ni siquiera tenía que aprobar el parcial, ya que me hacía media con otro anterior en el que saqué un 6, por lo que un cuatro en princpio me debería valer como billete para el patio de recreo celestial de los aprobados.
Marqué en total 22 respuestas de las 40 que había, ya que el final del examen fue bastante más jodidillo. No pude copiarme de nadie y eso que mi estrategia de colocarme en la última fila funcionó a la perfección, debido a que mi compañero que estaba delante gastaba más o menos la misma idea que yo, por lo que ahí me valí de mí mismo para solventar la situación.
Lo verdaderamente significatico del examen vendría después.
Pasado un descanso de 15 minutos, volvimos a entrar en el aula para la parte de problemas. Esta parte, como hice mención antes, se subdivide en otras tres, cada una perteneciente a cada profesor.
Uno de ellos es el subdirector de la escuela, un hombre de unos 40 y tantos años, bastante majo la verdad, que nos pone ejercicios de mil fórmulas, pero que nos deja todos los apuntes para el examen y nos ayuda con la corrección en caso de tener que ir a la revisión del control.
Otro de los profesores, es un hombre que le dió clase al anterior, que rondará los 65-70 años, y que a parte de ser un viejecito con mucha vitalidad, posee el inconveniente de chochear bastante. Sus ejercicios son de estadística, muy asequibles y fáciles de hacer, y más cuando él nos permite llevarnos un formulario para que no tengamos que aprendernos todas las fórmulas de memoria.
El tercer profesor es un viejo asqueroso de la misma edad que el anterior, que te trata como si fueras un completo imbécil, adoptando una actitud de superioridad y autosuficiencia cada vez que se dirige a un alumno. Realiza preguntas con trampa en sus soporíferas clases, en las que busca cualquier detalle para dejarte como el alumno más tonto del universo. No permite ninguna clase de formulario para sus problemas, y hace que entre en examen temas que, o no ha dado, o a ha dado esa misma mañana muy por encima, leyendo fragmentos del libro universitario que él mismo ha escrito con una expresión pésima, sin comas ni puntos, por no hablar de los acentos por los que, si nos dieran una décima por cada uno que no pone, podríamos aprobar la mitad de la carrera tan sólo con uno de los tomos de su obra. Habla mal por culpa de su dentadura postiza, y tiene una flema persistente en la garganta que hace que carraspee cada 40 segundos, haciendo de sus clases una de las mayores torturas habidas hasta la fecha. Para colmo, en sus prácticas ni siquiera es capaz de bajarnos al taller como hacen los otros dos profesores para ver en vivo las máquinas que nos mierdi-explica, sino que nos pone un video en el que sale él 20 años más jóven, y en el que se supone nos mostraría cómo funcionan, de no ser porque el 90% del tiempo que dura tan desafortunado cortometraje, lo único que se alcanza a distinguir es un primer plano de su brazo y de su hombro, y las 10 veces que le dice al cámara "corta, corta".
Hice los problemas del primer profesor gracias a un formulario que se había currao mi amigo, inventándome algunas cosillas y rebuscando entre las mil fórmulas que había apuntadas en el libro. Creo haber aprobado esa parte, o al menos estar muy cerca de haberlo hecho.
Acto seguido, nos repartieron los problemas de los otros dos profesores. Cada ejercicio tiene cuatro respuestas tipo test, y una vez que lo has hecho, tienes que marcar la opción que se corresponde con la respuesta que te ha salido. Llevaba mal los problemas de mi profesor desagradable, así que me dispuse a hacer los de estadística. Eran muy fáciles, los había hecho unas cuantas veces antes, así que no me fue dificl llegar a terminar el problema pero, en ese momento, algo falló: mis respuestas no estaban entre las opciones que había para marcar. Pensé que me habría equivocado, así que repetí una y otra vez el problema, pero me seguía dando el mismo valor. Para aprobar todo el parcial sin contar con el otro problema, debía sacar un 10 en estadística; había hecho el mismo ejercicio muchas veces, era casi imposible que lo estuviera haciendo mal; las fórmulas eran claras y no había variantes del problema, debía ser así por narices. Desesperado, opté por buscar la relación de respuestas entre preguntas; busqué los valores del ejercicio 3 que se correspondían con el ejercicio 4. Esto no es posible en la mayor parte de las asignaturas, ya que un profesor normal de universidad se encarga de enlazarte los resultados entre los distintos apartados, de forma que la única posibilidad de hacer bien el ejercicio es teniendo bien el planteamiento, y no haciendo fullas de ese estilo. Yo sabía que mis profesores viejunos chocheaban, y que no se molestarían en buscar más soluciones factibles quitando la correcta, por lo que gasté un bonito tiempo en hallar la susodicha relación. Con eso saqué 2 de los 4 apartados de los que constaba el problema de estadística. Para que te diera la solución "correcta" debías tener una Pa=0,84 en vez de la Pa=0,14 que te daba el ejercicio.
Los otros dos apartados intenté sacarlos con el valor que había obtenido con mi fulla, pero no conseguí ningún valor de los que allí había. Decidí empezar con el ejercicio de mi profesor desagradable, pero en el primer apartado, al calcular el número de rpm de un torno, éste me daba 104, y el resultado menor por el enunciado era 130. El torno no puede ir a más rpm de las que te da la formulita, eso nos dijo el maldito viejo mil veces en clase, por lo que éste también había giñado los valores. Los dos habían puesto ejercicios en los que las respuestas fijadas no se correspondían con el valor que debía darte en realidad. Todo el mundo levantaba la mano durante el examen porque pasaba lo mismo que a mí, y no sabían qué respuesta marcar. Acabé el examen copiándome de las dos respuestas de estadística que me faltaban, y saliendo de allí indignado y con un horrible sentimiento de estafa.
Ahora sólo queda esperar la nota del examen, que acabarán inventándosela como siempre, eliminando preguntas por haberlas puesto mal, y haciendo una media improvisada como les sale de los mismos genitales. Lo peor de esto, es que este "error" lo vienen cometiendo estos dos personajes todos los años. En cada examen quitan y ponen preguntas como les viene en gana, se equivocan y luego corrigen a su modo, que no suele beneficiar a nadie; siguen ejerciendo año tras año hasta que la dirección de la escuela les obliga a jubilarse por ley. Estudias para un examen, y el examen resulta ser una verdadera lotería.
Y luego en el instituto nos corregían porque en vez de decir "he suspendido", usábamos la frase "me han suspendido"... hijos de puta.
Examen incierto
Mañana tengo un examen incierto; uno de esos que ni siquiera alcanzas a saber cómo llevas. Estudias durante horas; te lees interminables libros, en los que en cada página te aguarda una idea más previsible, inútil y mortalmente aburrida que la anterior, tan sólo para acallar la conciencia y cargar el subconsciente con basura inservible que vomitarás el día del examen.
Mañana iré allí mal preparado; esperaré que la suerte juegue a mi favor, para hacer una buena quiniela en el test malicioso que perturbadas mentes ingenieriles han maquinado para mi. Me copiaré del vecino que aparente más tranquilidad, y buscaré errores en las preguntas para reducir mi margen de error al marcar a ciegas. Eso, en la teoría, porque los problemas los llevo sujetos con pinzas de tendedero. Llevaré las fórmulas que me dejen llevar y, las que no, las llevaré apuntadas en la calculadora, como buen ingeniero. Me he preparado los problemas justos e insuficientes para mantenerme con vida en el caso de ser un exámen fácil; me he aprendido métodos de resolución de memoria, y hasta he creado un factor de conversión de unidades personalizado, obtenido con ingenio y poca fiabilidad, de los escasos ejercicios que me ha dado tiempo a hacer (yo apuesto por el "D" factor =12266,09).
¿Y si la cosa se tuerce? Nos buscaremos la vida, encomendándonos a aquel que tengamos más cerca.
Aún después de todo esto, estoy plénamente convencido de que voy a aprobar; y es que este no es un examen más: es una prueba de supervivencia.
Porque no siempre aprueba el que más sabe...
Mañana iré allí mal preparado; esperaré que la suerte juegue a mi favor, para hacer una buena quiniela en el test malicioso que perturbadas mentes ingenieriles han maquinado para mi. Me copiaré del vecino que aparente más tranquilidad, y buscaré errores en las preguntas para reducir mi margen de error al marcar a ciegas. Eso, en la teoría, porque los problemas los llevo sujetos con pinzas de tendedero. Llevaré las fórmulas que me dejen llevar y, las que no, las llevaré apuntadas en la calculadora, como buen ingeniero. Me he preparado los problemas justos e insuficientes para mantenerme con vida en el caso de ser un exámen fácil; me he aprendido métodos de resolución de memoria, y hasta he creado un factor de conversión de unidades personalizado, obtenido con ingenio y poca fiabilidad, de los escasos ejercicios que me ha dado tiempo a hacer (yo apuesto por el "D" factor =12266,09).
¿Y si la cosa se tuerce? Nos buscaremos la vida, encomendándonos a aquel que tengamos más cerca.
Aún después de todo esto, estoy plénamente convencido de que voy a aprobar; y es que este no es un examen más: es una prueba de supervivencia.
Porque no siempre aprueba el que más sabe...
Lo sé
Lo sé: he mentido; he ocultado.
He predicado medias verdades; dejé la mitad de mis frases sin acabar, y censuré las tuyas con un silencio.
Jugué a ser el dueño del mundo; creí ver más allá de todo, y de todos. Me imaginé moviendo los hilos de unas marionetas rotas, inertes, rendidas ante su titiritero.
Interpreté mi mejor obra; tu obra. En mi piel cobraron vida todos los personajes que se han subido a tu escenario sin telón; ese en el que nunca acaba la escena.
Mi música embriagó tus oídos; nubló tu mente. Te hice danzar al ritmo que marcaban los latidos de mi moribundo corazón, al compás que yo inventé para ti.
Creé un mundo de sueños, en el que yo era el único que seguía despierto.
Sé que quizá nada de lo que hice estuviera bien; que nada fuera lo correcto. Pero ¿eh?, si tú hubieras estado en mi lugar... ¿no habrías hecho lo mismo?
He predicado medias verdades; dejé la mitad de mis frases sin acabar, y censuré las tuyas con un silencio.
Jugué a ser el dueño del mundo; creí ver más allá de todo, y de todos. Me imaginé moviendo los hilos de unas marionetas rotas, inertes, rendidas ante su titiritero.
Interpreté mi mejor obra; tu obra. En mi piel cobraron vida todos los personajes que se han subido a tu escenario sin telón; ese en el que nunca acaba la escena.
Mi música embriagó tus oídos; nubló tu mente. Te hice danzar al ritmo que marcaban los latidos de mi moribundo corazón, al compás que yo inventé para ti.
Creé un mundo de sueños, en el que yo era el único que seguía despierto.
Sé que quizá nada de lo que hice estuviera bien; que nada fuera lo correcto. Pero ¿eh?, si tú hubieras estado en mi lugar... ¿no habrías hecho lo mismo?
Hoy va a ser que no
Elegí un mal día para quedarme a estudiar en la universidad, y es que hoy se ha aliado el aburrimiento de las asignaturas pendientes (más colgantes que pendientes), con la distracción innata que me persigue desde que tengo uso de razón, y de la que logro zafarme en contadas ocasiones. Ni el ponerme a estudiar contra la pared ha conseguido que dejase de fijarme en todo el que pasaba por delante, aun no teniendo yo aún ojos en la nuca.
Y es que cuando no es el día, no es el día; e intentar forzarse a uno mismo es inútil y contraproducente. Por eso dejé de estudiar y me dediqué a hacer el gamba por la universidad. Después de todo, los días de bajo rendimiento y desesperación lectiva también tienen su huequecito en la vida, por eso este post va dedicado a ellos y a la alegría y júbilo que me producirá su ausencia en un futuro inmediato.
Porque no sólo del trabajo duro vive el hombre...
Y es que cuando no es el día, no es el día; e intentar forzarse a uno mismo es inútil y contraproducente. Por eso dejé de estudiar y me dediqué a hacer el gamba por la universidad. Después de todo, los días de bajo rendimiento y desesperación lectiva también tienen su huequecito en la vida, por eso este post va dedicado a ellos y a la alegría y júbilo que me producirá su ausencia en un futuro inmediato.
Porque no sólo del trabajo duro vive el hombre...
La cutre-entrada de cumpleaños
Como no podía ser de otra forma, esta cutre-entrada va dirigida a todas aquellas personas que cumplan años hoy, 4 de mayo. Sobre todo y especialmente, a aquellas que usan expresiones del tipo "pues puedes venir aquí y chuparme el sobaco", que han descubierto recientemente que la mascota de la vecina se llama igual que ellas, y que se preocupan muy amablemente de reponerme las patatas de la bolsa del macdonals.
Para todos los demás, la tarjeta de socio del videoclub; y, para ti, ¡¡muchas felicidades!!
Problema existencial: conclusión
Pues debatiéndome yo entre la verdad y la mentira, resultó que la solución consistía en una especie de híbrido de ambos. Hablé con mi madre, mucho más comprensiva que mi padre, y ella me dijo que fuera, pero que a él le dijera que estaba en las fiestas de aquí. De esta forma, mi madre sabría dónde estaba, por si pasaba algo, y a mi padre no se le nublaría el cerebro con "los peligros de la capital". Así que, al final, no conseguí que mi padre me dejara por mí mismo, pero no tuve que mentir y escaparme a hurtadillas, por la comprensividad de mi madre. Mentí, sí; pero fue sólo media mentira.
Estuve en el cumpleaños, me lo pasé mu requetebien y, a la hora de volverme, me acompañó un amigo de aquí, de esos que hacen de "oráculo" cuando les pides echar un vistazo al futuro (te debo una, perro).
Descubrí la línea de autobuses nocturnos L6, hasta ahora desconocida para mí, cogí el último buho de P.Pio, y llegué a mi casa a las 6 de la mañana mientras todos dormían.
Lo bueno de los problemas, existenciales o no, es que una vez resuelto uno, siempre que te cruces con otro que se le parezca, podrás usarlo de ejemplo. Y pa mí, que éste me va a ser muy útil a partir de ahora...
Estuve en el cumpleaños, me lo pasé mu requetebien y, a la hora de volverme, me acompañó un amigo de aquí, de esos que hacen de "oráculo" cuando les pides echar un vistazo al futuro (te debo una, perro).
Descubrí la línea de autobuses nocturnos L6, hasta ahora desconocida para mí, cogí el último buho de P.Pio, y llegué a mi casa a las 6 de la mañana mientras todos dormían.
Lo bueno de los problemas, existenciales o no, es que una vez resuelto uno, siempre que te cruces con otro que se le parezca, podrás usarlo de ejemplo. Y pa mí, que éste me va a ser muy útil a partir de ahora...
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