Teo y yo

Teo perturbado en sueños por el horrendo sonido del despertador
Teo meándose fuera del váter
Teo limpiándo la meada que ha caído fuera del váter
Teo en la parada del autobús
Teo en la parada del autobús cinco minutos más tarde
Teo en la parada del autobús diez minutos más tarde
Teo siendo consciente de que una vez más llegará tarde
Teo durmiéndose en el autobús
Teo puteado porque le da el sol en el autobús
Teo en el andén del metro
Teo y el marcador de 6 minutos del metro
Teo viajando en metro de pie
Teo se va a sentar en el metro
Teo se levanta para que se siente una viejecita
Teo en la universidad
Teo se aburre de las clases y le entra sueño
Teo con más sueño
Teo con mucho más sueño
Teo dando cabezadas en clase
Teo comiendo la comida basura de la cafetería
Teo cagándose
Teo con tintes asesinos
Teo comiéndose a los muertos (no preguntar)
Teo apretujado en el metro
Teo dando cabezadas en el autobús
Teo durmiéndose en el autobús
Teo en casa
Teo cenando
Teo en el messenger
Teo en la cama


¿Qué, cabrón, a que no es tan divertido como te lo pintaban...?

La junta' la culata

Y entre tanto hoy ha sido un día aburrido, vacío y, como viene siendo ya habitual, soporífero debido a mis inhóspitas clases de este nuevo curso que se las prometía muy felices y tiene pinta de ser peor que el anterior si cabe, rodeado de psicópatas, amigos encabronados, y tareas tediosas.

Pues he me aquí, una noche más, sentado en la puta silla que fue mi regalo de reyes de hace dos años; y pensar que cuando abrí la caja me decepcioné por su contenido... cuánto bien hace esta silla a mi culo, y cuántas horas de ensimismamiento virtual me regala, a cambio de malgastar cada segundo de mi corta vida delante de la puta pantalla de este ordenador. La verdad, (ya sabéis que yo no miento nunca desde que dejé de oler pegamento...) es que hoy me siento como si me hubiera montado en ese precioso coche que no tengo, para ir a mi maravilloso mundo de la piruleta que no existe (lo del pegamento es cierto, lo juro, lo dejé), y hubiera descubierto que el coche no arranca. Entonces en vez de darme por vencido y volver a mi casa con las croquetas calientes precocinadas de la cena (croquetas sin pegamento), siento como si me hubiera quedado dentro del coche girando la llave una y otra vez, como si de un bucle se tratara, con un gesto mezcla de estupefacción y estupidez concentradas, atónito ante tal desgracia que mi mente fuese incapaz de entender.

No creáis que me da vergüenza reconocerlo, que no, pues desde aquí quiero decirle a toda la blogosfera que hoy... hoy me siento estúpido. No estúpido de que haga cosas mal, sino estúpido de lerdo, de palurdo; lerdo de toli, de tarambanas, de torrija, de pintamoñas, de chupacabras; lerdo de agilipollao, y de gilipollas. Lo más productivo que he hecho hoy es cambiar a mi hamster, y mi momento de mayor satisfacción personal he debido experimentarlo en alguna de las veces que he ido a mear, al suplir con éxito mis necesidades vitales de supervivencia.

En momentos como éste daría medio culo por un frasquito de cloroformo, la mejor manera de perder la consciencia eficazmente y avanzar en el tiempo hasta un mañana mejor o, por lo menos, en el que sea capaz de utilizar hasta el 2% de mi capacidad cerebral.
Ojalá pudiera acostarme y dormir instantáneamente; así no pasaría horas imaginando que giro la llave una y otra vez sin entender, muy a mi pesar, por qué demonios el coche que, siendo tan caro, no arranca.

Coño... otra vez la junta la culata...

- L - - - - -

"David"

Me zarandea suavemente, mirándome a los ojos con aire extrañado. Se sorprende de que me haya quedado dormido en aquel parador, donde nos estábamos pegando la fiesta de nuestras vidas... con un triste altavoz y un montón de canciones desacordes con mis gustos, lo que menos podía hacer era quedarme dormido. Ella me sonríe y se va para seguir hablando con sus amigas.

Respiro todo lo hondo que puedo. No es mi ideal de noche perfecta, desde luego, pero ya que estoy aquí, debería intentar pasármelo bien. Me acerco a mis amigos, que hablan apoyados en la barandilla. Desde allí puede verse toda la playa. Aquella noche el mar hacía ese efecto del que me habían hablado; la luna era visible, pero estaba tapada por algunas nubes, y el cielo era muy oscuro. No alcanzaba a ver dónde terminaba el mar y dónde comenzaba el cielo, fundiéndose todo en la oscuridad. Parecía que no hubiese fin... igual que para aquella noche.

Me ofrecen bebida, pero la rechazo. No me gusta el alcohol, aunque siempre me haya atraído la idea de beber hasta perder la consciencia.
Mis amigos se encontraban divididos en tres grupos: justo delante de mí escuchaban música y hablaban de casas enormes con grandes ventanales; donde yo me encontraba, el tema era de películas de terror; y del pequeño grupo de la derecha, no conseguía escuchar nada.

Me tumbo en el suelo, cansado. Siento dolor; el suelo donde me encuentro está lleno de piedras, que se me clavan por todo el cuerpo.
Se tumban conmigo. Yo la busco. Permanecemos un rato simplemente tumbados en el suelo. Sé que está allí.
Abro los ojos, para ver que me observan. Me levanto nervioso; quizá no debiera haberme tumbado.
Mato el tiempo con mis canciones, como escusa.
Entonces le veo: se rie por no llorar; no es él. No ha elegido la opción correcta. No debería haber bebido. Se abrazan.

Espero a que pase aquella aburrida noche; me avisan de que nos vamos, y comenzamos a andar. Ella camina delante de mí; yo, camino detrás; cargado con botellas que pesan demasiado como para ser botellas.

Tetris.- Linea 4


"¿Y cómo se juega?"
"Pues símplemente vas encajando piezas; fácil, ¿no?"



"Cristales" rotos

En esta ocasión os traigo una noticia que se ha publicado en el periódico 20 minutos, hoy 16 de septiembre. En este caso el artículo me ha llamado la atención ya no sólo por el contenido en sí, adictivo, sino por la forma de redactarlo del periodista, muy acorde con la temática y la jerga que de él se extrae.
Citaré algunos fragmentos de forma breve, para más abajo dejaros el link al texto original, que podréis leer en la web de 20 minutos.
El artículo se titula "Noches de amor bajo el "Cristal", y nos cuenta la experiencia del propio periodista, que se infiltra en una discoteca de Madrid, en una "rave party", para narrar desde dentro la facilidad de los asistentes para la adquisición del éxtasis, y el comportamiento de los jóvenes consumidores de esta droga.

"Cristal, extasis... sus nombres oficiales son muchos pero los consumidores habituales la llaman la "droga del amor". La siguiente escena lo explica. Una chica bailando sola, como poseída, estira el cuello y le mete un beso en los morros al dj. [...] No los conoce de nada, pero va puesta hasta las cejas de "amor". "¡Vive la vida, viveee la fiesta!" nos grita una y otra vez."

[...]
" Al poco estábamos sentados con ella en un reservado. Nos preguntó: "¿te gusta el X?", y sin que pudiéramos responder nos metió el dedo con un poco de cristal en la boca. No duramos mucho con ella. Enseguida nos escapamos al servicio para quitarnos la droga de debajo de la lengua, no fuera a ser que nos rayáramos, y nos diera por matar pitufos verdes a puñetazos"

[...]

"Allí, unos sanitarios atendían a un joven en el suelo. "Se ha metido de todo lo que había", oímos murmurar a uno de ellos."
Articulo completo en 20 minutos


Deshinibición, sensaciones de sociabilidad, empatía... éstos y otros tantos son los efectos que buscan los consumidores de éxtasis, que recurren a esta droga noche sí y noche también con el objetivo de vivir la fiesta de su vida. Pero he aquí mi pregunta: ¿es que no se podría actuar de la misma forma sin la necesidad de consumir drogas?; ¿la sensación no debería ser similar? Imaginad una discoteca idéntica a la anterior, sin el consumo de drogas, pero donde todo el mundo presentase la misma actitud que la de la chica que le planta un beso al dj; ¿es que esa discoteca no sería del agrado de todos los que van a meterse cada noche, pero con la diferencia de que allí no irían colocados?

Quizá la cuestión erradique en que esa discoteca imaginaria tenga ciertas restricciones morales para aquellos que la observan; esas restricciones que nos da la conciencia. Las drogas, más que un medio para deshinibirse, sean una forma de acallar una conciencia personal, que muchas ocasiones nos viene implantada, censurando unos actos que no tienen por qué ser del todo reprochables. Si le preguntáramos a la chica que se morrea con todos, lo que pensaría ella de otra chica en su misma situación, nos diría que esa otra es una guarra; que de forma cuerda ella nunca haría una cosa así..., pero bajo los efectos de las drogas... Bajo los efectos de las drogas, quizá no tenga tan en cuenta las raíces de una fama, de un término, "guarra" que nos viene implantado por la sociedad, más que ser una convicción personal. Apostaría que a ella por sí misma, desde dentro, no le parecía tan mal hacer lo que hacía; así, tal vez las drogas, con una forma de pensar más abierta y enfocada a cada uno de nosotros por nuestros propios valores, no sean tan necesarias, y lo único que necesitemos es una buena educación para disfrutar de una fiesta, y de nuestras noches de forma completamente consciente, haciendo lo que nos apetezca, sin perder el control sobre nosotros mismos.

Ahí dejo mi pequeña opinión, con la que seguramente muchos de vosotros no estéis de acuerdo. No he consumido drogas en mi vida, y sinceramente no es algo que me llame la atención. Mi única droga, por así decirlo, es mi blog; y sobre mis adicciones... de mis adicciones quiza os hable algún día...


Ahora lo único que no puedo quitarme de la cabeza es esa extraña idea... esa estúpida convicción de que todos esos pobres pitufos verdes, deben morir...


El ornitorrinco salvaje, la lagartija peleona, y el mosquito puñetero

Érase una vez que se era, un pequeño ornitorrinco que tenía que estudiar para un examen. Como le quedaba muy poco tiempo para prepararse la asignatura que le traía de cabeza, decidió pedirle ayuda a la lagartija peleona, para que le explicara todas aquellas cosas que él no entendía. Fue a ver a su amiga la lagartija, pero estaba borracha perdida en un bar, llorando a moco tendido.
El ornitorrinco le preguntó el por qué de sus penurias, a lo que la lagartija le respondió que todo se debía a que había perdido un importantísimo combate de boxeo animalístico. Resulta que la lagartija peleona había disputado un combate contra el mosquito puñetero, y había perdido de forma aplastantemente ridícula. Los amigos del mosquito puñetero se habían tirado toda la noche burlándose de la lagartija, zumbándole en la oreja. El ornitorrinco se enfadó tanto tantísimo por la humillación a la que fue sometida la lagartija, que decicidió ir a ver al mosquito para cantarle las cuarenta.

Una vez allí, el mosquito se hizo el chulito con el ornitorrinco, zumbando y zumbando de un lado para otro, hasta que el ornitorrinco, mucho mayor que él, le pegó con la pata en todo el careto y le aplastó contra el suelo. El ornitorrinco volvió con la lagartija, y le dijo que el mosquito había muerto, que ya no debía preocuparse por él, cosa que hizo muy feliz a la lagartija. Como muestra de gratitud, la lagartija ayudó al ornitorrinco con su examen, y le hizo aprobar.
Todos fueron felices y comieron perdices.

Moraleja:
1.- Hasta los animales del bosque odian a los mosquitos.
2.- Matando mosquitos tu vida mejorará sustancialmente y serás más feliz.
3.- Nunca te hagas el chulito con un ornitorrinco.
4.- Cuidado con las lagartijas, que saben boxear.
5.- Si crees que no puedes aprobar por ti mismo, pídele ayuda a animales que estén loquísimos de la cabeza.
6.- Si pierdes un combate de boxeo y se descojonan de tí, ve a un bar y llora; alguien te vengará.
7.- Las perdices siempre pagan el pato.
8.- Nunca confundas a un pato con un ornitorrinco; los patos son cívicos, los ornitorrincos, salvajes.

La mujer del vestido rojo

¿Estabas escuchándome, o mirando a la mujer del vestido rojo?
Yo... estaba...
Vuelve a mirar.

Infructuoso... mi querido Watson

Pues sí, así ha sido mi última época de exámenes, y eso que aún no ha terminado. Y es que a veces el orden místico del universo se viene abajo, y las desgracias académicas acaecen una detrás de otra afectando a un único sujeto mortal, que en este caso vengo a ser yo. Sí, he cascao pero oye, he plantao cara... que más vale morir peleando que vivir rascándose los genitales, ¿no?; así al menos tengo asegurada una conciencia nocturna de hábitos tranquilos y saludables, para poder dormir plácidamente y conciliar el sueño sin ningún tipo de problema.

Últimamente, esto mismo de llegar a la fase rem está empezando a ser para mí algo, cuanto menos, a tener en cuenta. La cuestión es que me acuesto muy tarde, hago vida nocturna en el ordenador, y doy un montón de vueltas cuando me acuesto, intranquilo debido a la actividad frenética de mi perturbada (también en el apartado sexual) cabecita maligna. Así me ocurre, que luego el hecho de madrugar supone para mí un reto demasiado descabellado como para llevarlo a cabo, por mucho que el maldito despertador se empeñe en excitar mis tímpanos con su desagradable repiqueteo. He de reconocer al mundo, que he adquirido recientemente la habilidad de apagar el despertador mientras me encuentro en el límite de la consciencia, en el limbo que existe entre el sueño y la realidad, para poder seguir durmiendo plácidamente sin ningún tipo de remordimiento posterior, ni recuerdo significativo de este hecho que pueda producir ninguna clase de alteracion emocional en mí.
Este fenómeno podría ser el causante de mi pseudofracaso universitario, obligándome a dormir cuando debería estar estudiando, y causándome una ignorancia que mi inteligencia emocional tan felizmente adquirida desde hace un tiempo, no ha podido solventar.

La inteligencia emocional, para los que desconozcais el término, consiste en la constatación de que las personas que tienen pareja sentimental presentan un coeficiente intelectual mayor que ellas mismas experimentalmente en ausencia de ésta. Esto quiere decir básicamente, que está provado que con novia/o te vuelves más listo/a/e/i/o/u. Yo no sé si será realmente cierta esta afirmación, pero desde que tengo pareja he visto mi récord de partidas ganadas al juego de "la escoba" aumentar de forma exponencial gracias a mi rapidez inaudita a la hora de hacer sumas de cabeza; yo lo voy a dejar ahí, y quien lo quiera entender... que lo entienda.

Ya he escrito bastante por hoy, así que doy por finiquitada mi primera entrada sobre "experiencias personales"; espero que haya sido de su agrado, y si no, siempre podeis ir a leer cualquier otro blog sobre cómo hacer sillas con esparto, y ojalá se os quede el culo a rayas después de sentaros en una de ellas.
Por mi parte nada más, tumorrón un salchichón, y a vivir que son... chú deis.
Ale, ale.

Blanditos, peludos y suaves

Estreno mi apartado de "actualidad" con una noticia que me llamó poderosamente la atención, publicada en el diario gratuito 20 minutos el pasado viernes 3 de septiembre. Es muy cortita, así que la citaré entera y textualmente:
"Cae en Cantabria el "ladrón de peluches"
La guardia civil ha detenido en Camargo (Cantabria) al "ladrón de peluches", al que se buscaba desde julio. Está acusado de forzar 54 coches en varias localidades cántabras y robar los peluches que los adornaban"
Sé lo que estáis pensando; pensáis que ese hombre es ridículo. Pensáis que es un pirado cualquiera que abría los vehículos ajenos y se llevaba los peluches decorativos para guardarlos celósamente en su cuarto, y organizar repipis reuniones de té a escondidas de sus papás, disponiéndolos todos ellos alrededor de una mesa redonda mientras simulaba compartir los últimos cotilleos de la semana con ellos. Pues estáis muy equivocados; ese hombre es tan sólo una víctima.
Habéis leído bien, ese hombre es una víctima, es el producto de todas esas máquinas recreativas de ganchos con peluches dentro, que te incitan a introducir un euro haciéndote creer que, con un poco de maña, podrás sacar de esa horrible jaula de metacrilato a tu osito preferido. Nada más lejos de la realidad, ya que las enormes y afiladas pinzas que te obligan a utilizar para alcanzar tan codiciado objeto carecen de fuerza, y abrazan una y otra vez a tu osito de forma inerte, sin apenas llegar a levantarlo un sólo milímetro del suelo. Ese hombre lo ha sufrido una y otra vez; ha sido estafado durante demasiados años, sufriendo por no poder conseguir esos adorables objetos suaves y blanditos. Por eso el ladrón tuvo que robar todos aquellos peluches, llevado por el dolor y el resentimiento que le provocaron estas máquinas recreativas. Debía liberar aquellos peluches de su opresión, fuera cual fuera el lugar en el que se vieran atrapados.

Una vez expuesta mi opinión, tan sólo me queda pediros un minuto de silencio por todos aquellos peluches que, con ventosas en las manos o sin ellas, lloran día a día acinados detrás de un cristal, ya sea dentro de estas máquinas o cogiendo polvo en algún coche, esperando paciéntemente que a alguien que sea capaz de liberarlos de aquella mezquina prisión, y darles el cariño que ellos tanto anhelan.
Va por vosotros, peluchetes.

Renovarse o morir

Después de los exámenes vuelvo a mi blog una vez más... pero esta vez no será como las anteriores.

He perdido frescura; mis lectores me lo dicen. Ya no sorprendo, no atraigo; ninguno de vosotros comenzaría a leerme si no hubiera empezado a hacerlo ya y, aún hoy, muchos os preguntáis por qué demonios seguís haciéndolo. Es cierto que escribo menos; por un lado podríamos tomarlo como ausencia de inspiración, de esa esencia etérea que se mete en mi mente y aprieta mis maltrechas tuercas; por otro, podría deberse a que necesito reinventarme a mí mismo.
Podría ser que no me surge porque ya no hay nada más de ese palo que pueda surgir, que debo cambiarme a los oros, a las copas, o a los bastos.
Sea lo que sea la conclusión es que me oxido, mi blog se oxida. Y como hay que renovarse o morir, he decidido colgarle a mi espacio literario-interactivo de internet una etiqueta de marca, y revenderlo como si fuera nuevecito.

Lo que hoy os planteo es un nuevo INFAMIA, un nuevo tipo de blog con un contenido más definido, pero siempre con la marca de mi dispersión.
Voy a estructurarlo como si de un pseudoperiódico davidopoulístico se tratase, y a publicar los posts según ciertos días en la semana. Para que nos entendamos, pienso publicar posts los martes, jueves y viernes, y la temática de estos será de "relato corto" para los martes, "actualidad" para los jueves, y "experiencias personales" para los viernes. Estoy pensando en meter alguna sección de "cartas al director" o algo así, pero por ahora es sólo un proyecto.

Bajo mi opinión, esto me ayudará a crear una nueva forma de blog, mucho más dinámico y actualizado, y me será más fácil el hecho de elegir sobre qué escribir que, al fin y al cabo, es lo que me gusta.

Por mi parte nada más, tan sólo mandarles un saludo, estimados lectores, y darles mi más sincera bienvenida... al nuevo INFAMIA.

PD: Ahora tengo un correo de gmail para que me enviéis opiniones constructivas no catalogables como comentarios por su crudeza extrema, relatos, o cualquier cosa que queráis que os publique, o sobre la que os gustaría que escribiese:

infamiablog@gmail.com

Aaaayyy mis pequeñas almas descarriadas...

Tú... ¿¿¿de qué eres...???

Tú no eres un cono; tú eres un helado de palo.
Por fuera eres de chocolate con leche, con un poquito de galletita.
¿Y por dentro?
...y por dentro eres de vainilla, con sirope de frambuesa y caramelo.