Cuando la lluvia va para arriba y el humo va para abajo

Cuando la lluvia va para arriba y el humo va para abajo, me dices que me quieres frotándome con un estropajo. Y rasca. Ya podrías hacerlo por la parte suave...
Hasta que... ¡pum! Cundes más de lo que cuestas.
¡Ilumíname, oh, gran diosa de la inspiración! Ya siento tu mantooooooo... el peor de mis vicios, la más oscura de mis drogas.
Y de repente, despierto.

¿Oh, dios mio dónde estoy? ¿Qué es esa luz brillante? ¿Eres tú, hombre de las bombillas incandescentes que me permite ahorrarme un 34% en mi factura de la electricidad? Ah, no, es el cartero; ¿y qué me traes, una invitación para una boda? Pos no. ¡¡¡Una admiradora!!! A ver qué dice... cuáles son esas drogas... las que sea que tomas para escribir lo que escribes.

¿Drogas, yo?

¿Acaso fueron drogas las que me conducieron a este parque? No lo sé; quizá obra de alucinógenos o tan sólo acción de mis pequeños sueños dopantes. Me levanto cada día muerto de sueño, y me arrastro por la cama; debe ser del mono de toda una larga noche de ingestión nociva descontrolada. Porque cuando puse un pie en el suelo pensé; mira señor, hoy va a ser tu día; hoy cuando salgas a la calle el mundo te recibirá con alegría... Y si no es así, no te preocupes; no pasa nada; las drogas de tu lírica te harán olvidar toda mala experiencia pasada... Lo peor de esto ha sido contemplar con amargura, que sólo tengo mi inspiración cuando conmigo sales de tu cueva oscura; cuando me miras de reojo; cuando me agredes sin mesura. Porque sé que por las noches mis letras, más que entretenerte son tu divertimento; y más que lectura, ¡son la muestra latente de mi altanería! Por eso me preguntas que por qué escribo lo que escribo, de dónde saco la majadería; No son drogas lo que me envuelve... sino mi musa, la que me guía.


Cartero, cierre la puerta al salir; que quiero dormir un ratico más...

-Diario del Capitán- (I)

16 de Junio de 2006

Sólo agua.






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Fragmento de un diario encontrado a la deriva; desconocida su autoría.
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Fichajes del 2010

Esta será una entrada diferente a las que he estado escribiendo hasta ahora. No habrá bonitas palabras entrelazadas con un final abierto, como hago siempre. Y es que llevo unos cuantos días escribiendo de esa forma, y me canso hasta yo. Que sí, que es curioso, pero... pero... pero al final, no digo nada; no cambio nada. Podría escribir los versos más tristes esta noche... podría recordar aquellas lágrimas deslizándose por tu rostro; las lágrimas que consumieron cada segundo de su corta vida en tu piel y se precipitaron al vacío, desvaneciéndose... igual que hice yo. Podría hacerlo... pero sería otra vez lo mismo en lo que vengo emperrao desde hace semanas. La vida al fin y al cabo no es tan trágica ni dramática... al menos no durante las 24 horas del día.
Por todo esto, hoy me he propuesto escribir sobre algo que me haya llamado la atención en esta última semana. Algo que de verdad haya supuesto algo para mi; y bueno, se podría decir que lo he encontrado, porque esta semana he creado mi "lista de fichajes". Esta lista de fichajes no es otra cosa que una especie de pseudo-lista mental de las personas que antes no estaban en mi vida, y que ahora tienen un innovador y prometedor papel en mi temporada 2009-2010. Esa gente que antes simplemente estaba ahí, y que ahora como quien no quiere la cosa se han convertido en titulares indiscutibles del equipo, además de personas con las que antes no habías hablado, y con las que descubres un feeling oculto debajo de una piedra. Me gusta esa sensación; me gusta la sensación de conocer a alguien nuevo que no esperabas, porque las nuevas influencias suelen traducirse en cambios; y me gusta más aún cuando viene acompañada de un pálpito especial, algo que te dice que ella hará que todo vaya a mejor.
-¿Quién es?
-Mi fichaje del 2010.

Por eso me gusta mi "lista de fichajes" porque sois vosotros los que de alguna manera cambiais mi mundo.

El otro lado


Entre el cielo y el infierno; más allá de mares, montañas y acantilados. Sus límites se extienden más allá de donde alcanza la imaginación.
En aquel lugar donde nunca sale el sol, y las estrellas iluminan los ojos de aquellos que se atreven a mirarlas. Búscame allí donde tu miedo se acaba; donde desaparecen las dudas, la inseguridad, la desconfianza. Búscame donde termina su mundo y comienza el tuyo; donde decides, donde ordenas. Donde eres capaz de controlar la intensidad del viento en tus velas; donde tu fuego nunca se consume para arder eternamente; donde la tierra se quiebra a tus decididos pasos, y los mares se abren mostrándote el camino a tu destino.

Me encontrarás esperándote allí donde nunca lo habrías creído; perdido en el laberinto que convertí en mi hogar. Por encima de sus muros observaré tus movimientos, guiaré tus pasos y te conduciré hasta mi pequeño pasadizo secreto. Te enseñaré aquello que contruí para ti; la mayor de mis ambiciones, y el peor de mis pecados.

Jugaremos en mi pequeño parque a la luz de la luna, hasta que su brillo ilumine el mundo entero. Entonces el agua de la enorme fuente se volverá cristalina, y una lluvia de gotas de un plata intenso bañará nuestros sueños, tiñéndolos del color de la realidad.

Permitidme que os de la bienvenida... al otro lado.

En mi mente


Hoy no será distinto.
Despierto a medianoche, empapado en sudor frío. Aún me duelen los ojos.
La oscuridad lo envuelve todo. La tenue luz que me permite distinguir el cuarto proviene de la amplia ventana; el apagado brillo de la luna penetra en mi dormitorio tiñéndolo todo de un pálido gris plata, mientras me incorporo lentamente. Fuera está lloviendo, diluvia. Me siento en el borde de la cama, y espero. Un rayo en las nubes negras ilumina mis manos, ahora pálidas. Ya no tiemblan como antes.
Demasiado tiempo con él; demasiado tiempo conmigo.

Me incorporo y miro a través de la ventana, a través del cristal sin reflejo. De su superficie cae una corriente de agua. El exterior está borroso, vidrioso; tan sólo se distinguen un par de luces muertas en la calle; y una sombra en mitad de la carretera.
Él me mira; me observa.

Me vuelvo de cara a mi cuarto, dándole la espalda. Camino en la penumbra dispuesto a salir de la habitación. Me acerco a la puerta bañada de una oscuridad opaca; la atravieso. Mis ojos descansan en la sombra y escucho. Silencio; el silencio de la noche. Camino lentamente hacia el baño, y enciendo la luz. Voy directamente al armario blanco; lo abro, y cojo el pequeño bote de tapón roscado que se diferencia del resto. Saco dos pastillas de su interior, y me las meto en la boca. Mis ojos apuntan al suelo, perdidos, mientras abro el grifo con unas manos débiles y bebo agua, atropelladamente. Mi estómago se revuelve; suspiro.
Alzo la mirada.

En el espejo; ahí está él, conmigo. Justo al lado de mi reflejo, a mi espalda.


Otras veces me he girado hacia él; he buscado fuera de mis sentidos aquello que no es real, y no he logrado encontrarlo.
Él nunca me deja; me persigo. Su mirada se clava fíjamente en mis ojos. Vive en mi oscuridad, mientras morimos lentamente los dos en la luz.

Agacho la cabeza, y escondo el pálido rostro entre mis manos. Abro el grifo; el agua está helada. Lágrimas enturbian mi visión. Mi cabeza se tambalea, mareada. Cierro el grifo y me seco la cara con una toalla. Salgo del baño rápidamente, sin mirar atrás. Me cuesta respirar; me ahogo.
Sombras en mi habitación giran a mi alrededor; me observan. Sus risas se clavan en mi mente como puñales. Están riendo, se burlan de mi. Puedo oir sus quejidos golpeándo en mi mente.
Alcanzo la ventana; él ya no está allí.
Un rayo me deslumbra. No veo nada; me tambaleo, y caigo.

Abro los ojos; la luz del sol entra por la ventana.

Esperaré

Simplemente esperas; esperas a que ocurra algo. Lo esperas. Pero no ocurre; y estás sólo. Estás sólo porque así es como debes esperar; aunque ni siquiera sepas a qué estás esperando.
Hace mucho tiempo tuve la misma sensación, y esta vez vuelve a estar ahí.
Me falta algo.
No es que haya algo que no encaja, es que no está, y no sé lo que es.
Me siento y veo pasar el tiempo pensando en que algún día me habría sido útil, y sin embargo ahora no lo necesito.
Tan sólo miro; mientras pasa.
¿A qué demonios estoy esperando?

Piratas


De toda la tripulación de mi barco tú llevas la pata de palo; sólo tú cojeas allí donde todo el mundo se mantiene erguido, y te tambaleas al oir los tambores de un millar de batallas en las que ni tan solo has podido participar. El parche del ojo sólo te ha dejado ver la mitad de lo que pretendían enseñarte, y con tu ojo sano, jamás te has dignado a mirar en la dirección que indicaba la brújula, tu brújula, que apenas sabe dónde está el norte. Te emborrachas a cada puerto que pisas con la única intención de olvidar el anterior; bebes hasta obtener compañía, tu compañía, aquella que sólo te dura una noche, y de la que te despides entre preguntas sin respuesta y silencios. Malgastas el dinero de los escasos botines que consigues, o los hundes, junto con su navío, en el fondo de un océano que siempre creímos venirte grande.

Aún así nuestro rumbo siempre ha sido el de tu viento, y nuestras velas son izadas por ti, de allí desde donde partimos. Tú eres el espíritu que nos guía, el alma que domina nuestro barco.
Tan sólo espero que el demonio te mantenga con vida, para ver tu bandera pirata ondear libre en el mástil más alto, un día más.

Tu diente de mentira


Érase una vez que se era, una niña pequeña a la que aún no le habían salido los dientes. Esta niña estaba muy triste, porque veía cómo sus hermanos y sus padres podían comer comida de adultos, y ella tenía que conformarse con purés y sopitas. Un día, cansada de no tener ni un sólo diente, decidió fabricarse uno.


Le quedó perfecto.

Se pasó horas mirándose al espejo contemplando cómo ella misma se había hecho un diente de mentira. Era tan sólo una pequeña bolita de miga de pan, pero le parecía el más real de todos los dientes que podrían existir.
Durante mucho tiempo tuvo su diente de mentira, y poco a poco la niñita fue creciendo, hasta que le salieron los todos dientes de verdad; todos, menos uno. Le faltaba un diente; en su lugar, tenía el diente de mentira que se había fabricado tiempo atrás.
Todas las noches se miraba al espejo, y se fijaba en que ese diente era distinto a los demás, y tenía miedo de que, al no ser como el resto, pudiera caérsele, quedándole en la boca un hueco vacío.

Un día, estaba en el recreo jugando con sus amigos, cuando tropezó, y cayó al suelo.

oh no

Se hizo mucho daño al golpearse en la cara, y corriendo fue al baño a comprobar que su diente siguiera intacto. El diente no se había movido, aún lo conservaba.
A la hora del almuerzo, estaba comiendo garbanzos, cuando mordió uno que parecía estar tan duro como una piedra. "Me he roto el diente" pensó; así que se levantó a toda prisa y fue a mirarse al espejo. El diente seguía en su sitio.
Al día siguiente, amaneció resfriada. Estaba desayunando cuando estornudó tan fuerte, que le pareció que todos sus dientes salían volando de su boca. Una vez más, fue corriendo al baño a mirarse y, el diente, aquel diente que se había fabricado tanto tiempo atrás, no se había movido ni un poquito.
"Quizá no debiera preocuparme tanto por mi diente; quizá no se vaya a caer nunca", pensó.
Durante mucho tiempo simplemente dejó de mirarse al espejo para ver si su diente seguía o no seguía allí; dió por supuesto que no podría perderlo.
Pasó el tiempo, hasta que un día se miró al espejo y vió algo extraño.
Sabes qué fue?

nop

No tenía su diente de miga de pan

oh diosss

En su lugar, había un diente de verdad.
Nunca supo cuándo se le cayó, ni quiera supo si de verdad llegó a caérsele; pero se alegró de no haber pasado todo ese tiempo temiendo por la posibilidad de perderlo.
Así que vivió feliz el resto de su vida y comió solomillos de ternera.

sin cubiertos no?

Con las manos; como se come de verdad.

como dios manda

Remordimientos

Ya no sé quién eres.
No reconozco tu voz en las palabras que callas para mi; no logro diferenciar el color de tus ojos en las miradas que no me dirijes; ya no siento tu presencia en mis pasos, esos que tú deshaces para que no tengamos que volvernos a encontrar.

Ya no te busco; ni siquiera sé a quién buscaba.

Ahora me rodeo de quienes tú y yo no conocíamos; de aquellos que dejamos estar, y de quienes olvidamos, cuando aún guardábamos mejores recuerdos de nosotros mismos.
Me deshice de mis mentiras sobre ellos. De todo aquello que te dije y, sobretodo, de lo que nunca me atreví a explicar. Maté mis errores cuando nos separamos, pero los remordimientos no poseen una vida con la que pueda terminar; aún hoy ellos viven dentro de mi, me persiguen. Están allí donde dirijo mi mirada perdida, donde me escondo. Ellos me observan en la oscuridad, me susurran, me atormentan; y me hablan de ti.

A veces me pasa

Si llego a saber que aquel perro blanco de rayas negras no era un perro sino un paso de cebra, jamás me habría parado a rascarle detrás de las orejas. Pero es raro, porque hasta me ladraba y todo... creo que debo dejar de comer helados de chocolate después de cenar. Y tortillas; me parece que las tortillas no me sientan bien... o eran las morcillas? El caso, tengo que dejar de cenar y dedicarle más tiempo a mi perro. La próxima vez que vaya a verle de buena mañana le llevaré un hueso; de pollo; de tres o cuatro pollos.

A mis espaldas

A mis espaldas llevo mis fracasos y mis éxitos, mis logros y mis decepciones, las ganas y el tedio, la inspiración y la pesadumbre. Llevo los sueños que me rondaron un día en que creí que el mundo estaba hecho para los que saben soñar, el mismo día que decidí que nada me era imposible trabajando duro para conseguirlo y no desfalleciendo nunca en el intento.
Aún hoy sigo soñando; aún hoy cargo con todo esto a mis espaldas; aún creo observar una cima difuminada en lo alto del camino que yo trazo para mi mismo.

Y tú, ¿qué es lo que ves ahí arriba?

Acosater

(basada en hechos reales)

He de reconocer que nunca fui una persona muy sociable; de hecho, en clase siempre me solía sentar sóla; de pequeñita me daban asco los niños que iban conmigo al colegio. Era mirarlos y...ugggg. Una arcada irrefrenable.
De mayor ya, solía sentarme siempre en el mismo sitio; no por nada en especial, simplemente era algo que hacía por instinto, igual que te puedes comer un plato lentejas. Además, me acostumbré al olor a recocido tan característico de los que me rodeaban.
Un día, faltó la chica que solía sentarse a mi lado, una mezcla de verdulera y vendedora de aspiadoras en paro, que acostumbraba a mirarme de arriba abajo cada vez que entraba en el aula. Lástima que no te quedases a vivir entre las coles de bruselas, mona; te habrían aceptado como a una más.
Pensé que era mi día de suerte y que me sentaría sólamente acompañada por mi preciada e inestimable presencia, pero no fue así.
...............................................

Comenzó a hablarme; al principio me sentí extrañada, no había hablado con nadie en aquella clase de garrulos asalvajados y, a decir verdad, desconocía si se comunicarían con mi mismo idioma; aún con todo eso, aquél chico se dirigió a mi como si nos conociéramos de toda la vida. La complicidad de sus palabras y su aparente facilidad para aparentar que no le importaba llevar la misma camiseta de ACDC durante más de tres días seguidos, fue lo que más me llamó la atención de él.
Poco a poco, comenzamos a hablar cada vez más. Yo sabía que él se las ingenieba para sentarse a mi lado, aún a fuerza de ser agredido con la nueva turbopower aspirator 3000 por parte de mi entonces ex-vecina. Él era el clasico malotillocerdo"pueshaceunmesquenomeduchoyapestoapachuliypollofrito" de barrio, que va de sobrao con sus camisetas de grupos de rock de cuando Massiel cantaba coplas, y el pelo tan grasiento que podrían lubricar una montaña rusa sólamente con su cabeza pero, aún así, nos reíamos juntos de la gente, y solíamos dar vueltas por los pasillos y charlar entre horas. Incluso después de clase, acostumbrábamos a quedarnos en un banco a la salida de la facultad, mientras él me hablaba sobre su vida, y yo fingía que le escuchaba pensando qué foto colgaría en el tuenti el fin de semana siguiente.


He pasado tiempos difíciles; mi niñez fue muy complicada. Experimenté la crueldad de los niños desde muy pequeña, debido a que, además de unas enormes gafas de culo de vaso con las que he tenido que cargar durante años, también tuve que llevar prótesis dental. Vale que ahora todo ha cambiado, pero quizá eso me hizo ser una persona insegura, asquerosa y falsa, y fue un poco lo que me hizo aferrarme a la complicidad de aquel chico. Así que un día, en una de nuestras charlas, le susurré mi secreto:

"Me como los mocos"

Su reacción fue increíble.
No se rió de mi, ni cayó del banco donde estábamos sentados gritando "dios, dios... sabía que debía haberte matado cuando pude" como hicieron algunas de mis antiguas y envidiosas amigas; él me confesó hacer lo mismo.
Quizá por eso nos entendimos tan bien, ya que a partir de ahí todo fue a mejor: más complicidad, quedábamos para ir al cine, a pasear fuera de la facultad...
Sin embargo, comencé a notar que él sentía algo más por mi. Aquello no era lo que yo esperaba; creí haber encontrado un apoyo en él, como un amigo que trae una canción nueva en el ipod cada día; pero no podía darle nada más. No era un hombre para mi. Era bruto, tosco; se sacaba la roña de entre las uñas con el portaminas, llevaba esa cabellera larga y greñuda al viento día tras día. No le quería, por muy amigo mío que fuera; así que me distancié un poco de él de forma sutil.

No me resultó fácil alejarme del hombre que me había ofrecido complicidad y cariño, pero sabía que debía hacerlo. Pensé que todo se enfriaría, pero fue un error; cuanto más trataba de alejarme, él buscaba más en mi. Me llamaba a todas horas, me hablaba por el messenger, por el tuenti, en el facebook, en el tuiter, en netby; no hacía más que mandarme notitas en clase, sms, mms, msm, smm, ssm, mss... Buscaba cada momento para poder acercarse a mi.

Logró engañarme, y cometí el mayor error que he cometido jamás... le dejé un libro.
Ahora es el reverso de los morosos personificado; Ahora tiene la escusa de devolverme el libro y trata de regresarmelo a toda costa, me busca, me persigue. Tengo miedo de salir a la calle, tengo miedo de girar la esquina, encontrármelo y no poder darle largas. Tengo miedo de que me pida la segunda parte de la novela y tener que volverle a ver; desde entonces él no es mi amigo... él, es....


ACOSATER

"La complicidad se paga... a precio de chopped"

Pos na

Pos na, un día más. Aquí estoy, sentado delante del ordenador como todas las noches. Como todas las interminables noches. He visto lo de las tribus de la tele y bueno, tengo abiertos los libros para estudiar, pero la hora que es hace que no tenga ganas (menos aún que de costumbre) de ponerme a hacer nada. Hoy he amanecido desganao; debe ser que he dormido mal por la puñetera peli de miedo que vi ayer. Quién cojones me manda a mi a ver una peli de miedo... pues me acojoné. Tengo 20 años y he de reconocer que, esta vez, me acojoné vivo. Me he pasado toda la noche mirando la puerta de mi habitación de reojo mientras por la ventana entraba to la luz de la farola por tener la persiana subida. Siempre fui un niño miedoso y parece que hay cosas que nunca cambian.
Hoy he estado jugando a la consola un rato como ya es habitual en mi (mis horas de ocio virtual), y me he pasado toda la tarde desde que he comido estudiando para mi examen del miércoles. Me he quedado dormido mientras estudiaba, y he vuelto a soñar contigo de nuevo. Esta vez estábamos en una especie de gimnasio mientras había un montón de alumnos de lo que parecía ser una clase de educación física, haciendo una especie de coreografía, y dando botes de un lado para otro. Estaba sentado contigo en una especie de tumbona, mientras me tenías cogido de la mano.
Cuando estabamos saliendo nunca soñaba nada, o sí, pero no solías aparecer tú, y ahora que ya no estamos juntos mi subconsciente parece no cagar mirándote por el rabillo del ojo. Nota para el futuro: tengo que comprarme un subconsciente nuevo.

Una vez que me hube levantado de mi pseudo-siesta seguí estudiando hasta que me dieron las 9, que me duché y fui a jugar a la consola otro rato más. Me llamaron para salir, sí, pero estoy vago los domingos, y la verdad que salir para cenar fuera otro día más, no es el mejor plan que se me ocurre. Estoy desganado y agilipollado, elijo quedarme en casa y gastar mis días en esta máquina tragaperras particular. Ya no recuerdo cómo era mi vida cuando no tenía este blog, y mira que creo que empecé a escribir poco después de romper contigo. Y parece que mi cabeza no hace más que recordarme el tiempo que hace de aquello.

Así que nada, una semana más, y un día menos para suspender otro examen. Cierto es que no estoy en mi mejor momento anímico pero es que los domingos siempre fueron un día de mierda.

Y me voy a dormir (o a intentarlo); que tengais dulces sueños si es que leéis esto hoy, o, si lo leéis mañana, tenedlos mañana.
Buenas noches a todos.

Me consumo

Lentamente, mi paciencia se evapora en la atmósfera que tú perfumaste para mi agrado, y que se me antoja cargada y acalorada. Tus palabras se me hacen eternas; sobretodo aquellas que me dedicas sacadas de contexto a causa de conversaciones que no hemos tenido; críticas de gestos poco acertados que nunca acordamos como tal, y alusiones a una complicidad que nunca llamó a la puerta de la casa que no me compré contigo. Hoy tú y yo somos lo mismo que fuimos ayer, pero tú nunca supiste qué éramos; y mira que te lo dije. Mira que me pasé años de mi vejez asegurándome de que escuchabas lo que trataba de decirte, que comprendías aquello que yo escenificaba, mientras tú me asegurabas me hablabas el mismo idioma de mi pueblecito natal... cuatro palabras que aprendiste sin saber su significado, y algunas otras, cuya traducción prefiero no recordar. El mundo no funciona mintiendo cuando uno se sincera; el mundo funciona diciendo la verdad desde dentro, y mintiendo desde fuera, cuando erróneamente se cree necesario mentir. Ahora tu falta a la verdad me deja descalzo en las brasas, desnudo en medio de las llamas de un fuego, tu fuego, que, poco a poco, me consume.

Ayer me cobraste un euro

Pinche pendeja, ayer te cargaste una vieja; no, con eso no, con un billete de cinco. Uno de esos verdes y azules que se esfuman de tu cartera en cuanto menos te lo esperas.

¡Ay!

¡¿Dónde está?!

¿Lo ves? Se fue; se ha marchado; se unió con el recuerdo de lo que ayer tuve y perdí; descansará para siempre en tu valle donde el tiempo se detiene.
Allí naciste tú; allí volverás a nacer; cuando yo haya muerto en tus brazos.
Pensaste que no me acordaría, ¿eh? ¡Pensaste que me había olvidado de tu cumpleaños!
¡Pues no!
No me olvidé; te estuve esperando aquí, en nuestro parque, ¿lo recuerdas?
En el parque donde solíamos soñar juntos mirando a la luna, a nuestra luna.
Tú no hacías más que saltar de un lado para otro y girar sobre tí misma, mientras su luz se reflejaba en tus ojos. Entonces parecías venida de otro mundo.

¡Las doce! ¡Me he dormido!
¿Tienes pan?
Un momento, me has devuelto mal el cambio, te he pagado con uno de cinco.
Pero oye, si ayer me cobraste un euro...

Te veo


Solo tú te crees escondida mientras te oigo llorar en las sombras; crees que no sé lo que sientes, crees que no soy capaz de mirar a través de tus ojos y ver aquello que enterraste para que nunca nadie lo pudiera volver a encontrar.

Yo lo sé todo; yo lo veo todo; me veo a mí mismo... en ti.

Y me odio.

Ya son 247 horas las que he tirado por el retrete

Llevo dos años y medio en esta carrera chupavidas y aún hoy me pregunto por qué coño no me metí en psicología. Lo malo es que me respondo a mi mismo diciéndome que seguramente en psicología no me enseñasen a comer cerebros ni me explicasen nada relevante sobre la gente; lo más probable es que simplemente me llenasen la cabeza (si es que mi cabeza se puede llenar de alguna forma) de innumerables teorías absurdas sobre el conocimiento, para que mi sistema de "transito cerebral" tuviese que acabar tirando de la cadena mientras toda esa basura lingüística corriese cañerías abajo por mi subconsciente. Aún así, estudiarme innumerables libracos de palabras eternas habría tenido una probabilidad más alta de satisfacción personal que la carrera que tengo ahora. "¡Huíd de las ingenierías! nos dijo nuestro profesor de matemáticas Manuel, "¡huíd de las ingenierías que os queman la vida!"; no creo que nunca llegues a leer esto pero, qué razón tenías, Manuel, y qué poco caso te hicimos.
Hoy os escribo con asignaturas recién suspensas y calentitas calentitas que las saco del horno, pero eso no es todo. Hoy tengo otro lector más metidito en la sombra; otra lectora, mejor dicho. Otra de esas pequeñas almas que vienen aquí buscando revolver en mi maltrecha y perturbada mente; éstas son mis primeras palabras para ti en mi blog, espero que las disfrutes, que de alguna forma te las has ganado. Y a todos vosotros, asiduos lectores de mi blog, mandaros un saludo pa que no experimenteis envidia en vuestros corazones. En especial quiero saludar hoy que estoy mimosote, a todos aquellos idiotas que hayan pasado unos días en Túnez, a aquellos que sufrís la lluvia yendo a la universidad y el sofoco de la calefacción en las clases, y a una chica de sombreros de colores. Me gusta la del sombrero azul, que lo sepas.

No tengo sueño, me he levantado a las doce, me he paseado que siempre viene bien, he jugado a la consola durante un par de horas y he estado estudiando un ratejo. No es que me queje, porque pfff, podría haber sido peor, pero aún así a mis días les falta algo. Les falta chispa, les falta magia. Les falta un pequeño toque de surrealismo de ese del que me gusta a mi. "Hola, vengo del futuro para traerte..." calla, que no tengo tiempo. Estoy pensando en pediros algo, ya os lo diré cuando toque, pero id buscando en vuestras pequeñas cabecitas aquello que jamás pensasteis que escribiríais en un blog. Vosotros influís en mí más de lo que creéis, así que vamos a jugar a cambiar el mundo de sitio.
Buscad, mis pequeños, buscad.

Mecido por el viento

Sin preocupaciones; dejaremos que la vida se abra camino. Que juegue el destino, que nos guíe la suerte; hoy he decidido soltar la batuta y sentarme a observar qué me depara mi historia. Quizá el secreto fuese dejarse llevar; quizá el instinto, la providencia, siempre fueron más que suficientes para el fin que nos proponíamos. Hoy he decidido abrir los brazos y volar, mecido por el viento.

Mi gran obra

A veces pienso en cuál es el sentido de vivir atado a una moralidad. Por qué he de cohibirme a mi mismo imponiéndole limitaciones a mi voluntad. A veces pienso en por qué no debo actuar según mi propio beneficio, en por qué debo recoger los pedazos de aquello que tú dejaste que se rompiera; en por qué no puedo romper sin tener que caminar sobre tus pedazos. Quizá todo fuese más fácil si viviéramos la vida como una caprichosa obra de arte; si entendiéramos nuestros días como actos, tu amor como una cautivadora tragedia y tu adios como un simple cambio de escena, en la mejor interpretación que escenificaste jamás. Ojalá pudiera vivir sin pensar en todo lo que hice, concibiéndolo como el más bello y triste de los cuentos que llegaron a mis oidos cuando aún no lograba conciliar el sueño; deleitarme en tus versos mientras los escribes para mi, y sellar cada página con la propia tinta con la que los firmaste. Tu sufrimiento concebido nada más que como un acto en mi gran obra, y tus lágrimas, el mayor ejemplo de que el arte nace de la propia esencia de la vida.

Arte

A veces pienso en cuál es el sentido de vivir atados a una moralidad. Por qué nos cohibimos a nosotros mismos imponiéndole limitaciones a nuestra voluntad. A veces pienso en por qué no debo actuar según mi beneficio, en por qué debo recoger los pedazos de aquello que rompo; en por qué no puedo romper sin tener que caminar sobre sus pedazos. Quizá todo fuese más fácil si viviéramos la vida como una caprichosa obra de arte; si entendiéramos los días como actos, los amores como cautivadoras tragedias y el adios como un simple cambio de escena. Ojalá pudiera vivir sin pensar en todo lo que he hecho, concibiéndolo como el más bello de los cuentos que llegaron a mis oidos; deleitarme en sus versos mientras son escritos y sellar cada página con la propia tinta con la que son esbozados. Tu sufrimiento no sería más que un acto en mi gran obra, y tus lágrimas, el mayor ejemplo de que el arte nace de la propia esencia de la vida.